Algunos de los líderes de la Iglesia católica de Nicaragua que comentaron la renuncia del papa Benedicto XVI a seguir ejerciendo el pontificado supremo, subrayaron el marcado contraste de este histórico gesto con el obsesivo aferramiento al poder de algunos gobernantes mundanos. Uno de los religiosos habló incluso, en Radio Corporación, de que en algún caso se ha llegado al extremo de inyectar oxígeno a un cadáver, para forzar su permanencia en el poder después de muerto.
Pero es seguro que al decidir por su propia voluntad que dejará el pontificado a partir del próximo 28 de febrero, el papa no pensaba en esos gobernantes que hacen lo que sea con tal de mantenerse en el poder y no lo quieren dejar ni siquiera cuando ya no lo pueden ejercer. En realidad, como han ilustrado voceros del Vaticano, Benedicto XVI venía considerando la renuncia desde marzo de 2012, cuando al realizar su viaje a México y Cuba sintió que las fuerzas físicas le comenzaban a faltar.
Ahora bien, si de leer o interpretar los signos se trata, algunos estudiosos del Vaticano dicen que esta renuncia debió ser advertida a partir de que, al ser elegido papa, en 2005, el cardenal Joseph Ratzinger escogió precisamente el nombre de Benedicto para ejercer su pontificado. Entre los apenas seis papas que en la historia de la Iglesia católica habían renunciado hasta ahora, dos de ellos usaron ese mismo nombre: Benedicto IX, quien renunció en el año 1045, y Benedicto XIII que lo hizo en 1415.
Por otra parte, el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, recordó que Benedicto XVI ya había mencionado la posibilidad de renunciar. Lo hizo precisamente en el libro de entrevistas titulado Luce del mondo , en el cual, según el padre Lombardi el ahora papa renunciante “indicó claramente que es posible dimitir en un momento de dificultad o cuando no sea posible” seguir ejerciendo el ministerio papal. “Vale decir —precisó el portavoz del Vaticano—, una situación en la cual el papa considere oportuno dimitir porque no está ya en situación física de hacerlo, y que en esos casos se plantea incluso la obligación moral de presentar la renuncia”.
Otra importante señal de que el papa Benedicto XVI renunciaría en algún momento, ocurrió el 28 de abril de 2009, cuando fue a la ciudad de L´Aquila, en Italia, que había sido arrasada por un terremoto. En aquella ocasión el papa visitó un templo católico que se derrumbó y en el cual se encontraba la reliquia de San Celestino, que no fue afectada por el derrumbe. San Celestino fue uno de los seis papas que renunciaron. Él lo hizo en 1294, se retiró a la vida monástica hasta que falleció y donde está su reliquia que milagrosamente se salvó de la destrucción del terremoto, Benedicto XVI depositó el palio pontifical que le fue entregado el día de su entronización en el Vaticano.
De manera que sería absurdo creer que Benedicto XVI decidió renunciar a su poderoso cargo pensando en los mezquinos gobernantes que cometen cualquier barbaridad para mantenerse en el poder, inclusive hasta cuando ya están al borde la muerte o después de fallecer. Pero aún así, en todo caso ha sido una gran lección la que ha dado el papa a esos gobernantes adictos al poder, aunque hipócritamente digan en público que elogian a Benedicto XVI por su humildad y desapego del poder.
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