Se ha divulgado ampliamente en los medios que el gobierno local de las Islas Malvinas —que para los británicos y locales se llaman Islas Falkland— ha convocado a todos sus pobladores a un plebiscito el 10 y 11 de marzo para que decidan sobre su futuro. La pregunta que contestarán es sencilla: ¿desea usted que las Islas Falkland conserven su estatus actual como un Territorio de Ultramar del Reino Unido? Si o No.
Las islas son reclamadas históricamente por Argentina, pero han estado en posesión y dominio británico desde 1833, exceptuando un breve período de 10 semanas del 2 de abril de 1982, fecha en que Argentina lanzó una invasión militar y se apoderó de las islas hasta el 14 de junio del mismo año, cuando su fuerza expedicionaria fue derrotada y se rindió ante la armada británica. Fue una breve pero cruenta guerra no declarada en la que murieron 649 soldados argentinos y 258 británicos.
A 31 años de ese trágico evento, que es quizás la única guerra moderna de alta intensidad que ha tenido lugar en América, los habitantes de las Islas Falkland (o Malvinas) van a ser preguntados sobre si desean conservar su estatus actual, en que siendo ciudadanos británicos tienen un gobierno local autónomo, excepto en la defensa y las relaciones exteriores que las asume el Reino Unido.
Las Islas Falkland fueron bautizadas así originalmente en 1690, en honor a Antony Cary, quinto vizconde de Falkland y comisario del Almirantazgo británico, quien financió la expedición comandada por el capitán John Strong, y descubrió el estrecho entre las dos islas principales, quien nombró “Canal de Falkland”, nombre que luego se amplió para todo el archipiélago.
Las islas cuentan con extensión territorial de 12,173 kilómetros cuadrados y no tenían una población indígena local antes de que se fincaran los primeros colonos que fueron británicos, escandinavos, franceses, y españoles.
Según Wikipedia, en la actualidad viven en las Falkland 2,841 habitantes y su composición étnica es la siguiente: 61 por ciento son isleños nativos varias generaciones atrás, en su vasta mayoría de origen británico; 29 por ciento son británicos; 2.6 por ciento españoles; .06 por ciento japonés y 6.5 por ciento chilenos y otros. El 75 por ciento de la población de las islas vive en la capital, Puerto Stanley.
Las Islas Falkland son autosuficientes económicamente. Su Producto Interno Bruto anual es de 125 millones de dólares, nada despreciable para una población de apenas 2,841 habitantes, por lo que los beneficios económicos y sociales para sus pobladores son considerables, entre otros, becas completas del gobierno local para que sus hijos puedan estudiar y prepararse en las mejores universidades del Reino Unido.
Su economía depende de la pesca, exportación de carne de ovejas y su lana, ingresos de los permisos de pesca en sus ricas aguas insulares y concesiones petroleras que otorga el gobierno local. La mayor parte de su energía es eólica y podemos decir que sus habitantes, aunque en un lugar sumamente remoto, viven en una condición económica muy buena, con un Producto Interno Bruto per cápita cerca de 44,000 dólares anuales.
Así las cosas, no hay que ser adivino para predecir el resultado del plebiscito, que contará con observación internacional y cobertura de la prensa mundial, lo que garantiza la transparencia del ejercicio democrático.
El embajador británico en Nicaragua, Chris Campbell, afirma: “Los habitantes de las Islas Falkland siguen siendo libres de elegir su propio futuro, tanto políticamente como económicamente, tienen derecho a la autodeterminación, un derecho consagrado en la Carta Magna de las Naciones Unidas, este es un derecho fundamental para todos los pueblos”.
Los habitantes de las islas que son elegibles para votar tienen hasta el 19 de febrero para inscribirse y, según el embajador, ya se han registrado 1,500 de ellos, por lo que se espera que para el plebiscito del 10 y el 11 de marzo la totalidad de la población apta para votar, lo haga.
Todos aquellos líderes mundiales, que en los foros internacionales defienden vehementemente el sagrado principio de la autodeterminación de los pueblos, si son consecuentes, deberían de apoyar el derecho de los ciudadanos de este paradisíaco archipiélago a decidir sobre su propio destino. El autor es diputado.
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