Humberto Belli Pereira

O blanco o negro

Una de las características más persistentes de nuestra cultura política ha sido el maniqueísmo; el ver las cosas en términos de blancos y negros, buenos o malos, sin colores grises ni graduaciones intermedias. El militante político ha tendido a satanizar sus adversarios, no reconociendo en ellos ningún mérito. Igual a santificar al líder o caudillo de su partido, no reconociéndole ningún defecto. Odio ciego a unos y adulación servil a otros, resumen su actitud.

Esta ofuscación ha torpedeado el entendimiento nacional y llevado a la guerra. En las primeras tres décadas de vida independiente los odios entre los legitimistas (luego conservadores), atrincherados en Granada, y los democráticos (luego liberales) atrincherados en León, destrozaron al país. Tras el clímax de la guerra nacional contra el filibustero (1857) pareció posible instaurar el civilismo, pero los treinta años de paz de la república conservadora naufragaron al volver a encenderse las animadversiones partidarias y con ellas la guerra que llevó a Zelaya al poder, en 1893.

Para sus correligionarios liberales el nuevo caudillo sería el gran héroe modernizador, mientras que para los conservadores sería un detestable tirano. El antagonismo provocó revueltas y finalmente la guerra y la caída del régimen en 1909. Regresaron los conservadores, pero no la paz ni la reconciliación. Apenas en 1912 volvió a correr la sangre entre hermanos en la breve, pero sangrienta, guerra de Mena.

La “Pax americana”, producto de la intervención, tampoco logró desmontar la polarización. Subió el caudillo Emiliano Chamorro, adorado por sus seguidores y detestado por los liberales. La antipatía era recíproca. Cuando le sucede el conservador Carlos Solórzano, y en gesto reconciliador integra liberales a su gabinete, Chamorro no tolera este coqueteo con el adversario histórico y le da el golpe que enciende la guerra constitucionalista de 1926-27. Tras ella suben los liberales y luego Somoza.

Polarización otra vez más: por cuatro décadas muchos apoyarán con entusiasmo a la dinastía. Para ellos “Tacho” será “el pacificador de Las Segovias”, Luis el humanista progresista, “Tachito” “el huracán de la paz”. “¡Somoza for ever !”, gritarán sin rubor. La oposición —primero la conservadora y después la sandinista— los descalificarán visceralmente: Para ellos son “la estirpe sangrienta”, los tiranos millonarios que asesinaron a Sandino. No se les reconoce nada: ni obras de progreso —que las hubo y en abundancia— ni las muchas amnistías con que perdonaron a sus adversarios armados. Tampoco los Somoza reconocen legitimidad alguna en los reclamos por la democracia que hace la oposición. Para ellos sus adversarios son “comunistas”.

Sin puente de comunicación solo queda la dialéctica de los tiros. Vuelve entonces la guerra y cae la dictadura, pero no emerge la democracia anhelada. En su lugar resurge el maniqueísmo, remozado, y ahora el país se divide entre “revolucionarios” y “contras”. No hay términos medios: o se está con la revolución o se es enemigo. Y corren de nuevo manantiales de sangre joven.

Con la victoria de doña Violeta en 1990 y el entierro de las armas surge al fin la nueva oportunidad de superar ese pasado de confrontaciones y construir una república dialogal, tolerante y democrática. Será trágico si volvemos a perderla. Es cierto que los fraudes electorales y el continuismo inconstitucional de Ortega dificultan el juicio sereno y el diálogo, pues son como una bofetada al civilismo. Pero la historia enseña el abismo que aguarda cuando la irritación y la desesperanza rompen los puentes. Un gran reto de la actual generación es evitar que el siglo XXI repita los yerros de los siglos precedentes, y eso exige, entre otras cosas, dejar de pensar en blanco y negro.  

El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.

 

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COMENTARIOS

  1. jairo moncada
    Hace 14 años

    Maniqueo del que Belli también formó parte en sus tiempos de ardoroso sandinista como su hermanita y de paso, le cae como anillo al dedo a la posición histórica de LA PRENSA, en la que para ellos, la Nicaragua se divide en dos bandos: en los Chamorros y el resto…

  2. Marcelo Gonzalez
    Hace 14 años

    Excelente articulo!!! Felicito al Sr. Belli por exponer una de los mayores defectos de la sociedad nicaragüense. Hay que ser tolerantes y trabajar juntos por un futuro mejor. Por eso es tan importante una educación de calidad y de corte científico, sin religiones ni politica que solo sirven para dividir al ser humano.

  3. roberto cuadra
    Hace 14 años

    Siempre leo con singular agrado los artículos del DR. Humberto Belli Pereira, trabajos que, a mi juicio, rebosan de sensatez, sabiduría y apego al sentido común. Y siempre estoy de acuerdo con sus juicios; pero, en este su último artículo, en el que asoma un llamado a la cordura a los nicaragüenses, lo que quiere el brilante columnista es que en la cultura política criolla, los tristes avatares ¿se vean en technicolor, y la realidad es ofuscada y negra?

  4. Revolucionario
    Hace 14 años

    Soy Sandinista y de todas las columnas que ha escrito este señor con quien no comparto sus puntos de vista esta me ha parecido la mas acertada. Los Nicaraguenses pensamos en blanco y negro por que asi quieren que pensemos. La libertad de pensamiento y novedosas ideas es revolucion. Tolerar y ser tolerados es revolucion. Crear la paz y el desarrollo es revolucion. Seamos revolucionarios y dejemos de pensar en blanco y negro.

  5. FERNANDO GONZALEZ
    Hace 14 años

    Como evluad Ud a los que piden Democracia, elecciones limpias y que se retire el inconstitucional que ostenta el poder Ejecutivo, que viola la constitucion Art 147, ARt 5 parrafo 2? Seran locos? revolucionarios? Contras? Creadores de disturbios? Maniqueistas? Por favor Ud es mas inteligente de lo que aparenta

  6. Jose Herrera
    Hace 14 años

    Comparto la opinion de que los extremos no son la mejor opcion, siempre existe relatividad hasta en los criterios o corrientes de penamiento. Pero hay cosas que estan a la vista y no se necesita de ningun analisis para precisarlas. La familia y sus adlateres que ostentan hoy el poder son delincuentes. Asi se les llama en todas partes a quienes irrespetan la ley. Por tanto con los delincuentes no caben atenuentes por que no disimulan en sus intenciones vitalicias. Son de color negro oscuro.

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