Lord Byron y Garrincha

Mi carácter va cambiando mientras aumenta el calor, pues esta región es muy calurosa; alguna relación debe existir con aquello de que los manicomios siempre deben tener una temperatura...

Santiago Molina

Mi carácter va cambiando mientras aumenta el calor, pues esta

región es muy calurosa; alguna relación debe existir con aquello

de que los manicomios siempre deben tener una temperatura

baja y en los días de calor cualquier cosa me hace saltar en

astillas: Robert Walser calmaba las fiebres de su imaginario

caminando en la nieve en los alrededores del asilo de Herisau,

Mallarmé decía que el frío invierno era propicio para el estudio

de las matemáticas, Senancour recomendaba en su Obermann

[doap_box title=»Pinturas de Hopper» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Edward Hopper fue un famoso pintor estadounidense, célebre sobre todo por sus retratos de la soledad en la vida estadounidense contemporánea. Se le considera uno de los pintores de la escuela Ashcan, que a través de Arshile Gorky llevó al expresionismo abstracto posterior a la Segunda Guerra Mundial. Nació un 22 de julio de 1882 y falleció en Nueva York, 15 de mayo de 1967. Una muestra de su pintura.

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hacer largas caminatas en las altas montañas. La gente del siglo

XIX creía mucho en ese asunto del buen y mal clima pues el

humor del hombre dependía del barómetro. El buen humor

ayuda a la compensación entre el cuerpo y la psiquis, es una

armonía que debemos afinar, y me acuerdo ahora de Lord Byron,

quien cojeaba siendo uno de los más excelentes boxeadores de

Inglaterra, y al gran Garrincha que le faltaban algunos centímetros

en la pierna derecha pero que le ponía el balón a Pelé en

la punta del pie desde las posiciones más difíciles del terreno; no

se puede comprender a Pelé sin Garrincha, como si los

centímetros faltantes completaban la armonía pre-establecida de

los mundos de Leipniz y en dúo marcaban goles perfectos en las

azarosas porterías de la divinidad; o podría ser que la perfección

no existe… Todo tiene su mancha… Así las cosas y los creaturas

manchadas de Gerard Manley Hopkins: el pinsón que tiene un

plumaje vario-pinto pero con un bello canto, la trucha puntillada

de rojito y de amarillo pero deslizándose transparente en la

corriente, nosotros con la artritis que nos claustra pero que no

nos impide limar las palabras y hacer belleza con su limadura.

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