Rhina Cardenal DeBayle
¡Qué horror! No es sorpresa que con todas las prácticas “esotéricas”, por no llamarlas de otra forma que se han vuelto prácticas generalizadas y oficiales del gobierno nacional, desplegadas en rotondas y lugares públicos en nuestro país, un hombre se haya inspirado a asesinar a su propia madre para ofrecerla en un ritual (tiene que ser satánico) como “sacrificio”, supuestamente, a cambio de la vida de Hugo Chávez.
¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Será posible que estemos dispuestos a acribillar a nuestra propia madre a cambio del bienestar de un líder político? ¿Acaso hemos perdido, como sociedad, toda capacidad de distinguir entre el bien y el mal? ¿Acaso hemos perdido toda dimensión de los valores y principios que nos hacen seres humanos? ¿Será que nuestro pueblo nicaragüense ha sido embrujado o hipnotizado en masa? ¿Son dádivas a algunos, y esperanzas de otros de promesas de gallinas, cerdos y láminas de zinc, suficientemente poderosas para vender nuestra conciencia, como lo refleja una encuesta recientemente divulgada?
No nos equivoquemos, el hambre y la pobreza de nuestro pueblo no es ninguna falacia.
Es un problema real que tiene que ser enfrentado y resuelto, como nicaragüenses y como cristianos que somos. ¡De eso debemos estar claros y conscientes!
También debe ser reconocido que los gobiernos democráticos que hemos tenido de 1990 hasta la instauración del neosomocismo de la nueva etapa sandinista, al igual que la nueva oposición, han dejado mucho que desear, tanto en insensibilidad social como en incapacidad política, corrupción y la entrega pactista que derrumbó la construcción institucional de la república soñada por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Todo esto hizo posible el retorno e instauración del actual régimen inconstitucional.
Sin embargo, la solución no va a provenir del discurso populista, ni de las prebendas que el neosomocismo orteguista reparte como “caridad” a sus seguidores, con lo que le sobra a la nueva dinastía de las ganancias millonarias de sus negocios chavistas, mucho menos de prácticas satánicas que sacrifican las vidas de seres queridos para mantener en el poder a líderes que se pretenden dioses y se autodenominan mesías indispensables para los pueblos hipnotizados o embrujados
La solución a todos los problemas de nuestra sociedad, y sobre todo a la pobreza en Nicaragua, solo puede encontrarse, primero que nada, en Dios y sus mandatos, y en un pueblo y líderes políticos, apegados a valores de respeto a los derechos de cada ser humano, y su disposición a luchar valientemente por ellos.
Que esta horrorosa noticia sirva para darnos cuenta que en Nicaragua necesitamos abrir los ojos política y espiritualmente a las transformaciones que se están dando a nuestra conciencia colectiva.
Nuestra conciencia cristiana y democrática de nación está siendo atacada con poderosas armas que solo pueden ser combatidas desde las trincheras celestiales, y con nicaragüenses, políticos o no, dispuestos a mantenernos firmes en nuestros principios y a fortalecernos en los valores de Dios.
La autora es periodista.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A