Susan Clancy
En el 2012 muchos artículos sobre el abuso físico y sexual de las mujeres en Nicaragua, fueron publicados por los medios de comunicación. El objetivo de ellos era claramente reducir dicha violencia. Sin embargo, el problema es que esa atención de parte de los medios solo sirve para incrementar la violencia.
Psicólogos expertos en el diseño de campañas de mercadeo social dirigidas a reducir comportamientos indeseables conocen la regla de oro: nunca enfatices que el comportamiento es común (es decir, que la mayoría de las personas lo realizan).
¿Por qué? Dado a que un cuerpo gigantesco de investigaciones en psicología social y cognitiva indica que un subproducto irracional y lamentable del ser humano es que cuando descubrimos que muchas otras personas como nosotros están haciendo cosas malas, tendemos a hacerlas nosotros también.
Entonces si el objetivo es reducir un comportamiento indeseable, hay que enfatizar que este comportamiento lo lleva a acabo solamente una minoría de las personas.
En el caso de la violencia en contra de las mujeres en Nicaragua, esto no es un problema.
¿Cuál es la tasa promedio de hombres “tratando a las mujeres como esclavas” en Nicaragua? Basado en estadísticas poblacionales de fuentes confiables tales como las Naciones Unidas y Save the Children, no son la mayoría de los hombres llevando a cabo estos abusos, es más cercano a un 5 por ciento de los hombres.
5 por ciento sigue siendo inaceptablemente alto. Gracias a Dios por las organizaciones nicaragüenses como la Red de Mujeres Contra la Violencia o el Instituto Nicaragüense de la Mujer quienes ayudan a las víctimas que sufren. Sin embargo, si el objetivo es ayudar a cambiar el comportamiento de este 5 por ciento, lo que se requiere para que una campaña sea efectiva es: 1) que estos hombres se vean tal y como la minoría que son (la mayoría de los hombres en Nicaragua no abusan a las mujeres) y 2) estar expuestos a información convincente que disuadan este comportamiento indeseable.
Cerca de ochenta años de estudios científicos en la rama de la medicina y la ciencia indican que existe una fuerte vínculo entre el abuso físico a las mujeres y 1) un bajo coeficiente intelectual, 2) bajos niveles de productividad laboral, 3) altos niveles de abuso de drogas (como por ejemplo, ser borracho) y 4) problemas de desempeño sexual.
Una campaña mucho más efectiva (una que incluya la radio/TV para alcanzar a la población rural) podría presentar un mensaje tal y como: la mayoría de los hombres en Nicaragua no abusan a las mujeres, solo los hombres brutos, haraganes, borrachos y con problemas sexuales lo hacen.
No se rían. Esto es serio. Pruébenlo.
Otra forma de reducir la violencia en contra de las mujeres es olvidarse de los hombres y empoderar a las víctimas.
Primero, en promedio, en Nicaragua las mujeres cuentan con una mejor educación que los hombres. Basado en reportes económicos mundiales, incluyendo el más reciente reporte sobre la brecha de género del Foro Económico Mundial, hoy en día, es más probable que las mujeres en Nicaragua completen su educación primaria y secundaria, que los hombres. Es más, cuando ellas están en las escuelas se desempeñan mejor, sus notas son más altas que la de los hombres.
Segundo, en promedio, las mujeres se encuentran integradas a la fuerza laboral tal y como los hombres. En los últimos treinta años las mujeres en Centroamérica han estado inundando el mercado laboral formal en cifras nunca antes vistas. Dado a que las oportunidades de empleo para las mujeres en los países en vías de desarrollo se están abriendo más rápidamente que las oportunidades para los hombres, dentro de los siguientes veinte años se estima que más mujeres que hombres estén empleadas en la fuerza laboral formal.
Tercero, el liderazgo de las mujeres —sus opiniones, voces, y valores— es necesario para el futuro progreso de no solamente sus familias y comunidades, sino que también para el futuro de Nicaragua como país. Hoy en día, existe un claro vínculo entre el liderazgo de las mujeres y el desempeño financiero de las organizaciones, el PIB de los países, la salud y bienestar de los niños. Para aquellos en puestos de toma de decisión global, la pregunta de vital importancia no es cómo reducir la esclavitud femenina, sino cómo hacer que más mujeres lleguen a estas posiciones de liderazgo. Su dinero y aportaciones están impulsando el crecimiento y la sostenibilidad a través del mundo.
Valoramos y respetamos muchísimos todos los esfuerzos realizados para empoderar a las mujeres y disuadir los comportamientos abusivos en contra de ellas. Pero para tener mayor éxito es tiempo de, primero, dejar de enfatizar a las mujeres como víctimas, ya que la mayoría no lo son. Por primera vez en la historia de la humanidad las mujeres cuentan con mejor educación que los hombres y están ganando y creando mucho dinero. Ellas están creciendo intelectual y económicamente. Y segundo, es tiempo de desenmascarar a los que abusan a las mujeres como unos simples perdedores. Los datos no mienten. ¿Acaso, se le puede llamar hombres a aquellos miembros de sexo masculino quienes abusen de las mujeres? Lo más probable es que estos realmente no sean hombres.
La autora es profesora del INCAE