En algunas salas de cine del país, lamentablemente pocas, se está proyectando una excelente película titulada Lady, Amor, Honor, Libertad, la cual es una biografía parcial de Aung San Suu Kyi, la extraordinaria líder de la oposición democrática de Birmania a quien se le considera como la versión birmana de Mahatma Gandhi o Nelson Mandela.
Aung San Suu Kyi es hija del héroe nacional birmano Aung San, quien en 1947 firmó con el gobierno británico el acta de independencia de su país e iba a ser jefe de gobierno por elección popular, pero fue asesinado por sus rivales cuando tenía solo 34 años de edad.
Sin embargo no es solo por el legado paterno que esta señora lidera a la oposición de Birmania, sino por su lucha ejemplar en pro de la libertad y la democracia para su país, que le ha hecho merecedora del cariño de su pueblo y de numerosos reconocimientos internacionales, incluyendo el Premio Nobel de la Paz de 1991, que solo pudo recibir personalmente hasta el año pasado pues durante todo ese tiempo estuvo condenada a prisión domiciliar.
17 de los últimos 23 años Aung San Suu Kyi ha permanecido encarcelada, alejada hasta de sus familiares más cercanos y queridos. Al respecto, en la película se destaca el cariño y respaldo de su abnegado esposo, un catedrático inglés que murió de cáncer en 1999 sin que le permitieran entrar a Birmania para encontrarse por última vez con su mujer y madre de sus dos hijos.
El pueblo birmano llama con afecto y respeto “la Dama” a Aung San Suu Kyi, pero también como desafío al dictador militar que prohibió que se pronunciara el nombre de ella en su presencia y ordenó que se le llamara simplemente como, “esa dama”. Y ahora se le ha puesto a “la Dama” el epíteto de “Orquídea de acero”, tanto por su acerado temple en la lucha por la libertad y la democracia como porque la orquídea es como una flor emblemática de la película que comentamos.
Antes de que lo asesinaran, el 19 de julio de 1947, cuando su hija tenía apenas 2 años de edad, antes de salir de casa Aung San acaricia a su pequeña hija y adorna sus cabellos con una hermosa orquídea. Desde entonces, en memoria de su padre Aung San Suu Kyi siempre ha lucido en su cabellera una o varias orquídeas que se convirtieron en símbolo de la lucha por la libertad.
Curiosamente, el nombre de la orquídea viene del griego orkis, que significa testículo. Así llamó a esta flor el filósofo de la antigüedad Teofrasto (371-287 a.C), porque la forma de sus bulbos se asemeja a esas glándulas sexuales masculinas. Pero no es por eso, sino porque la película es una emocionante lección de integridad, inteligencia y coraje en la lucha por la libertad y la democracia, que los políticos de Nicaragua y en especial aquellos que pretenden ser líderes deberían verla, reflexionar sobre ella y aprender de esta gran dama, para quien no es el poder lo que corrompe, sino el miedo, y sobre todo el miedo a perder el poder.
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