Aunque, al final, el progreso es inevitable porque la naturaleza para eso ha sido creada, de momento el globo no se ve bien. Probablemente, EE. UU. entrará en otra recesión aunque haya crecido 2.7 por ciento durante el tercer trimestre del 2012. La supuesta caída del desempleo en noviembre al 7.7 por ciento (del 7.9 por ciento en octubre) no es real. Sucede que se contrajo la población activa, del 63.8 por ciento de octubre al 63.6 por ciento de noviembre, con lo que la verdadera tasa de desempleo sería del 10.7 por ciento. Y el empleo caería más de no ser que el sector público ha “creado” el 73 por ciento de los de trabajos nuevos.
Además, la producción industrial ha permanecido estancada en 2012, entre otras cosas por una caída en la exportación, y, según la Reserva Federal, hoy llega al 63 por ciento de la registrada en 2007. El stock acumulado creció, el gasto navideño subió solo 0.7 por ciento con respecto al 2011, cuando se esperaba el 4.1 por ciento. Y resulta insostenible que por cada 1.67 estadounidenses que trabajó en 2011 en el sector privado hay uno que vive de la seguridad social. Entretanto Europa sigue muy complicada, básicamente porque el “ajuste”, además de ridículos recortes de gastos, ha implicado aumento de impuestos.
Quienes dicen que los recortes trajeron recesión se olvidan que lo que gasta el Estado sale del mercado. Es decir, se le saca al mercado para devolverle menos, ya que pasa por la burocracia, con lo que el verdadero problema es el aumento de impuestos. España cerró 2011 con un déficit de 9.4 por ciento, y pese a los “recortes” se espera diez por ciento para 2012, mientras el volumen de consumo alimentario bajó 2.3 por ciento en septiembre y el año pasado se vendieron 700,000 coches, la mitad que en 2008. Según Eurostat, la desocupación en la UE sobrepasó en noviembre los 26 millones de personas, una tasa del 10.7 por ciento (diez por ciento en 2011). La tasa de desocupación española es del 26.6 por ciento y la griega del 27 por ciento. Del otro lado, están los países menos coaccionados por el Gobierno, Austria (4.5 por ciento), Luxemburgo (5.1 por ciento), Alemania (5.4 por ciento) y Holanda (5.6 por ciento).
En América Latina las economías más abiertas crecen, como Chile que cierra el 2012 con 5.6 por ciento, y Perú 6.3 por ciento. Pero no hay como la Venezuela que deja Chávez, producto claro de su militarismo, de su brutal coacción sobre el mercado (las personas). El déficit fiscal ronda el veinte por ciento del PBI, el dólar se compra en la calle a cuatro veces la tasa oficial. La inflación ya es una de las más altas del mundo, y sube. Los niveles de ocupación se mantienen por la gigantesca expansión del empleo público, la deuda externa es diez veces mayor que en 2003, la capacidad productiva del país cayó drásticamente a pesar de los altos precios del petróleo. Así, las importaciones pasaron de US$$13,000 millones en 2003 a más de 50,000 millones.
El elevado consumo interno absorbe parte de la producción petrolera (llenar el tanque del auto cuesta US$$0.25), otra parte se envía a Cuba y a otros aliados a precios subsidiados y muchas de estas facturas nunca se cobran. Así, irónicamente, la mayor parte del crudo que queda a precios de mercado (y que se cobra) se vende a EE. UU. pero, según el Financial Times, por cada diez barriles Venezuela tiene que importar (a un precio más alto) dos de petróleo refinado en el exterior.
El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
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