¡El crecimiento económico, en gran parte, un problema financiero: se necesitan recursos y estos deben ser invertidos correctamente!
No obstante la importancia del sector privado en la generación de empleos, solamente los gobiernos pueden movilizar recursos internos y externos en volumen suficiente para producir resultados de trascendencia. Sin excepción, los avances importantes en desarrollo económico y social en el mundo, se han logrado mediante políticas públicas gubernamentales adecuadas y consistentes. Únicamente la autoridad pública tiene la fuerza para encauzar y estimular; para regular y para dar el ejemplo; para construir escuelas y centros de salud; para abrir caminos de penetración; o para hacer reformas estructurales. O sea, solo la autoridad pública tiene la fuerza para trasladar recursos masivos de un sector a otro, para redistribuir la riqueza y el ingreso.
El crecimiento económico también depende de políticas públicas de nación que alberguen una política fiscal apropiada y una altísima efectividad del gasto público. Y como el gasto público es una contrapartida principalmente de los impuestos al sector privado, si el gasto público no es legítimo o solo representa desembolsos burocráticos o partidarios, sin obras o inversión real, los fondos recaudados serían más útiles y mejor aprovechados quedándose en manos de los asalariados, comerciantes, industriales, empresarios o de pequeños, medianos o grandes productores que los pueden emplear más eficientemente.
En otras palabras, la contribución de la política fiscal al crecimiento económico no se mide con el porcentaje del producto nacional que absorba el presupuesto, ya que ello significa únicamente el monto que controla el Gobierno, sino por el destino de los desembolsos, la honestidad en el manejo de los fondos y por el mínimo de desperdicios y filtraciones. Por ejemplo, el impuesto sobre la renta es un medio para gravar al que gana más y favorecer al que gana menos. Pero el éxito para disminuir desigualdades y nivelar el ingreso no está en el porcentaje que se aplique al contribuyente sino por la propiedad y efectividad del gasto con los recursos recaudados.
De aquí surgen muchas interrogantes. En Nicaragua, ¿estamos movilizando suficientes recursos? ¿Estamos recaudando correctamente? ¿Es la efectividad del gasto la apropiada? ¿El papel del Estado es el adecuado? ¿Es el rol que está jugando el sector privado el correcto?
A mi juicio, debemos hacer un alto para reflexionar. Los impuestos no pueden ser ilimitados, si no se quiere provocar consecuencias desestabilizadoras y un estancamiento de la economía. No solo estamos acercándonos a niveles de impuestos de países industrializados sino que la carga impositiva no está siendo bien distribuida. Las prestaciones, los servicios y las contribuciones dependen de la existencia de un sector privado productivo, dinámico y progresista que cree la riqueza que se requiere para financiar los programas sociales. Solo habiendo alguien con capacidad de dar puede el otro recibir. Cuando la carga tributaria elimina los estímulos y la utilidad, se pierde la razón y la posibilidad de seguir produciendo.
Nos preocupa el efecto negativo que una imposición exagerada puede tener sobre la formación del capital ya que si los rendimientos en la actividad económica no son satisfactorios, se desestimulará la inversión. Y las inversiones, que se hacen con capital, son el único medio de expandir el producto y generar empleos para quienes necesitan ganarse el sustento y el de sus dependientes.
Aunque en los países en vías de desarrollo, el papel del Estado tiene que ser más dominante para asegurar la equidad en el proceso de desarrollo, la burocracia gubernamental de Nicaragua, que se financia con los impuestos de todos, no puede seguir creciendo a pasos agigantados. Es fundamental encontrar un equilibrio entre la redistribución real del producto social y la inversión de capital suficiente para acelerar el crecimiento económico.
Estoy convencido que en un régimen donde se toman las decisiones empresariales con libertad, es el más eficiente y el que más se compagina con la democracia política. La discusión sobre el desarrollo económico jamás debe divorciarse de la discusión política. En países exitosos han sido las fuerzas combinadas de un Estado moderno y de una empresa privada libre, fuerte y progresista, que si tiene derecho a participar en la formulación de los lineamientos y metas del desarrollo, las que han logrado garantizar un crecimiento económico real y sostenido, apareado con justicia social.
Si queremos crecer más y mejor, debemos revisar a profundidad nuestra política fiscal. ¡El Gobierno debería escuchar a todos y consensuar con todos! Pero también los de la llanura ¡deberíamos proponer y discutir con el Gobierno, no solo en la Asamblea Nacional sino también en cada departamento, en cada municipio y en cada comunidad, nuestras ideas sobre la política fiscal que necesita Nicaragua para crecer!
Si queremos crecer más y mejor, debemos revisar a profundidad nuestra política fiscal. ¡El Gobierno debería escuchar a todos y consensuar con todos! Pero también los de la llanura ¡deberíamos proponer y discutir con el Gobierno, no solo en la Asamblea Nacional sino también en cada departamento, en cada municipio y en cada comunidad, nuestras ideas sobre la política fiscal que necesita Nicaragua para crecer!
El autor fue Canciller y Ministro de Hacienda de nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A