Con la oportuna obra del valiente ciudadano —y para mi orgullo, amigo— Eduardo Enríquez intitulada Muerte de la República , encontré apropiado compartir algunas reflexiones sobre lo que ocurre en Uruguay con el socialista presidente Pepe Mujica, para comparar lo que acontece en Nicaragua y que cada quien saque sus conclusiones.
El presidente Mujica, pocos días antes de asumir la alta responsabilidad delegada, dijo: “En el Uruguay habrá patria para todos, pero con todos”. Una oración muy significativa si se tiene en cuenta que durante los años sesenta y setenta, una de las consignas de lucha guerrillera del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) rezaba: “Patria para todos”, por lo que el mandatario uruguayo agregó: “Pero con todos”, señalando que los tiempos y las reglas de juego habían cambiado.
El día de su juramentación como presidente, Pepe Mujica advirtió públicamente a quienes designó como ministros y colaboradores: “Escúchenme bien: todos ustedes son suplantables. No están para servirse, están para servir y aquí no manda ni el partido, ni manda el presidente. Aquí quien manda es la Constitución Política y eso es suficiente para que cada uno de ustedes sepa que el compromiso que hoy asumen no es con este viejo que —por cosas del destino— es presidente. El compromiso de todos ustedes es con la patria”, gritó.
Mujica, quien apenas superó el bachillerato en 1960, al mismo tiempo en que se fundaba en Nicaragua el FSLN, por idénticas razones que en su país se integró al Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) como miembro de dicha organización y participó en operativos guerrilleros, al tiempo que trabajaba en su pequeña finca que sigue ocupando como vivienda, hasta que, requerido por los órganos represivos de la dictadura militar, se refugió en la clandestinidad.
En enfrentamientos armados, don Pepe Mujica fue herido de seis balazos y apresado cuatro veces, sumando casi 15 años de su vida en prisión. A pesar de ello, nunca fue llamado comandante ni nada por el estilo. “Es cierto. Yo no tengo un título universitario, y no me avergüenzo; me daría pena que me dijeran comandante sin tener los méritos para ello, pues quienes buscan adornos y licenciaturas inventadas no son más que unos acomplejados”, expresó tajantemente.
Pocas semanas después de asumir la presidencia, Mujica tronó en una asamblea de sindicalistas afines a su partido: “Camaradas: Olvídense de paternalismos y de asistencialismos. Eso no resuelve nuestros problemas. Eso no es ser socialista. Eso se llama populismo y lo que tenemos que hacer entre todos es olvidarnos para siempre de quienes se aprovechan de la pobreza y la ignorancia para usar como cautiva clientela política la miseria que como sociedad hemos heredado. Lo que hay que hacer es invertir primero en educación, segundo en educación y tercero en educación. Un pueblo educado tiene mejores opciones en la vida y es muy difícil que lo engañen los corruptos y mentirosos, pues el poder no cambia a las personas, solo revela quiénes verdaderamente son y por eso no estoy de acuerdo con Bertolt Brecht, pues no hay hombres imprescindibles sino causas imprescindibles y si queremos cambiar las cosas de verdad, tenemos que entender que debemos ser más humildes y modestos para darnos cuenta que debemos sembrar mucha cultura, porque solo con cultura y conocimiento es posible construir una sociedad mejor. El que no piense así es un demagogo más que se viste de progresista, pero lo que en verdad refleja es ser otro vividor más de la política y que es incapaz de ganarse el pan nuestro de cada día con el sudor de su frente”. Brillante lección y como dice con frecuencia un personaje de estas latitudes: “El que tenga ojos para ver, que vea”.
El autor fue ministro de Defensa de Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A