El tan esperado momento llegó: la decisión de la Corte Internacional de Justicia con relación a la demanda interpuesta a Colombia por el reclamo de nuestro mar territorial.
El escenario estaba montado. Día de la Unidad Nacional decían los medios oficialistas que anunciaban la intervención que el presidente inconstitucional Daniel Ortega realizaría para la ocasión.
En realidad era una gran oportunidad para mostrar Unidad Nacional frente a la agresividad del gobierno de Colombia que inexplicablemente se resiste a obedecer un fallo que es de ineludible cumplimiento y la cadena de radio y televisión se activó, en esta ocasión por un motivo justificado.
Por la cadena televisiva se pudo ver a todos los gobernantes y los cancilleres que desde el gobierno de doña Violeta hasta estos días habían trabajado en un proyecto verdaderamente nacional: recuperar lo que por la fuerza se le había negado al país por décadas, decenas de miles de kilómetros cuadrados de mar territorial.
Sin embargo, con tristeza los nicaragüenses observamos que ni aún ante una victoria que es de todos y por la que han trabajado gobiernos de diferentes signos ideológicos, el actual régimen pudo despojarse de su visión partidaria.
La llamada celebración por el Día de Unidad Nacional parecía cualquier otro de los actos partidario-oficiales, con cientos de jóvenes de la Juventud Sandinista vistiendo las camisetas coloridas y floridas que la primera dama, Rosario Murillo, les hace llevar de uniforme .
Pero más chocante era la presencia de la bandera partidaria de la familia gobernante, que como en todos los actos de este régimen, es puesta a la par del Pabellón Nacional.
Es cierto que este régimen ha forzado la presencia de su bandera en todos sus actos; el alegato del presidente inconstitucional es que “la bandera del Frente Sandinista liberó a la bandera nacional que estaba secuestrada por el somocismo”. Eso es lo que ha dicho en otras ocasiones.
¿Pero por qué tenía que estar la bandera de su partido en este acto nacional donde precisamente la presencia de ese símbolo contradecía la “unidad”, que era el motivo de la celebración?
No pocos han criticado a los representantes de los diferentes gobiernos que acudieron a la invitación de Ortega. Pero aunque fueron puestos en una situación incómoda la verdad es que era difícil no asistir. Esta celebración no pertenece a un solo partido ni a un solo gobierno.
Quienes de nuevo se han equivocado son el presidente inconstitucional y su esposa, pues perdieron la oportunidad de al menos en la más obvia de las ocasiones mostrar sensatez y visión de nación.
Todo el proceso en La Haya es una clara muestra de lo que podemos lograr como país. Ortega debería analizar este ejemplo para darse cuenta de todas las oportunidades que está perdiendo al imponer su visión de país y del desarrollo.
Si los gobiernos anteriores hubieran actuado con intereses mezquinos y partidistas en el caso de la demanda a Colombia, hoy él mismo no estaría capitalizando la celebración de este fallo.
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