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Ganaderos deben cambiar práctica

Mientras el buen momento que atraviesa la ganadería lo tiene cada vez más cerca de convertirse en la principal actividad económica del país, los efectos de su modelo extensivo le están pasando factura al sector, obligándolo a buscar prácticas más rentables, sostenibles y amigables con el medioambiente. El modelo silvopastoril es una de ellas.

Otro punto a favor del modelo es que se pueden utilizar variedades que aporten a la alimentación del ganado. Existen entre veinte y treinta especies de árboles forrajeros (que el ganado come), entre ellas el marango, el madero y la leucaena, detallan los especialistas.

Lucydalia Baca Castellón

Mientras el buen momento que atraviesa la ganadería lo tiene cada vez más cerca de convertirse en la principal actividad económica del país, los efectos de su modelo extensivo le están pasando factura al sector, obligándolo a buscar prácticas más rentables, sostenibles y amigables con el medioambiente. El modelo silvopastoril es una de ellas.

Los ambientalistas más radicales insisten en que la ganadería extensiva es el principal depredador del medioambiente. Y no están muy lejos de la verdad.

Según el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) y el Instituto Nacional Forestal (Inafor), cada año se destruyen al menos 70,000 hectáreas de bosque para convertirlas en potreros. Eso permite el avance de la frontera agrícola y pone en riesgo la reserva de biosfera de Bosawas, ubicada en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

“Ahora el peligro está en el Atlántico, porque en el Pacífico y el norte ya no hay nada que destruir. Hace muchos años que toda la madera preciosa y los árboles se botaron”, advierte Manuel Morales Navarro, coordinador del Programa de Campesino a Campesino (PCAC) de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

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El Programa de Campesino a Campesino, de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), desarrolla un proyecto piloto de ganadería silvopastoril en Siuna, Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Sin embargo, la UNAG considera que la transformación del modelo requiere de muchos recursos, especialmente para reeducar a través de cursos, talleres, días de campo y otras actividades que permitan al productor, para apropiarse de los beneficios que obtendrá al adoptar el sistema, indica Manuel Morales Navarro, coordinador del PCAC. Para Morales la transformación del modelo debe trabajarse entre todo el gremio. Pero también convertirse en una política de Estado que otorgue algunos subsidios, ya que los beneficios para el país serán mayores al frenar los daños y efectos del actual modelo extensivo.

Ese subsidio debería cubrir el costo de la capacitación, reeducación de los ganaderos. y para dotarlos de los materiales vegetativos (semilla de leguminosas, pastos y árboles) que deben sembrar en sus parcelas. El Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuario (INTA) y la Comisión Nacional Ganadera (Conagan) desarrollan otro proyecto que pretende establecer el sistema en al menos 500 fincas de todo el país para que sirvan de referencia. Se tiene previsto construir, con financiamiento de la cooperación holandesa, 5,000 biodigestores para transformar el excremento de las reses en gas para cocinar y en abono orgánico. Eso mitigará el efecto invernadero que producen los gases que estas emiten.

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EL QUE MÁS CONTAMINA

Ronald Blandón, gerente general de la Comisión Nacional Ganadera (Conagan), añade que un estudio de medición de la huella de carbono que se realizó recientemente reveló que de los países de Centroamérica, Nicaragua es el que más emana Gases de Efecto Invernadero (GEI). “Eso es provocado en gran medida por los pastos degradados. Es decir, las tierras que están áridas, totalmente peladas. Y de esas hay grandes extensiones en el país”, recalca.

Los GEI junto al metano y otros gases contaminantes que emite el ganado al rumiar y a través de sus heces también contribuyen al calentamiento global, cuya principal consecuencia son las variaciones extremas en el clima.

El exceso de calor y ausencia de lluvias afectan directamente la actividad reproductiva del ganado, provocando fallas en la fertilidad y abortos. Además, el pasto se seca y pierde su capacidad de nutrición, derivándose en una menor productividad del sector. Mientras que el exceso de lluvias y las bajas temperaturas provocan que el pasto se pudra y las reses se enfermen.

“Además, aún se desconocen los efectos que estas variaciones climáticas provocarán en los microorganismos patógenos, que se encuentran en los suelos”, indica Blandón.

ADOPTAR NUEVO SISTEMA

Pero esto no obliga a Nicaragua a abandonar la ganadería, sino a buscar un modelo más amigable con el bosque y el medioambiente en general. De ahí surge el modelo silvopastoril, que es la combinación de pasto con árboles.

Según Morales, estos pueden incorporarse en los potreros de distintas formas y no es necesario que cada potrero tenga una determinada cantidad. Pueden estar hasta en macetas, o sembrados en lugar de los postes en las cercas.

Se estima que bajo la sombra de un árbol se reduce entre tres y cuatro grados la temperatura del ambiente. Además, sin importar su especie le dan mayor valor a las fincas, dice Blandón.

El sistema lo completan el agua y los bancos de proteínas. Estos se forman al sembrar pastos mejorados y de corte, y leguminosas altas en proteínas básicas para producir tejido, porque si el ganado solo come hierbas no produce buena carne. Luego todo se mezcla y es como preparar una ensalada nutritiva al animal.

APROVECHAR LA GENÉTICA

Para Blandón lo adecuado es aprovechar los recursos que ofrece la genética para conseguir pastos y reses más resistentes a las temperaturas extremas (de calor o frío).

Las condiciones de sombra y alimentación adecuada se traducen en un considerable incremento de la productividad y permiten manejar más ganado en las áreas. “En promedio, en las zonas extensivas en el Atlántico y en el norte se utilizan entre tres y cuatro manzanas para cada res. En un sistema silvopastoril se pueden manejar dos o tres cabezas por manzana, que con la adecuada alimentación que le garantiza el sistema incrementan considerablemente su productividad”, sostiene Morales.

Blandón por su parte, señala que el sector no puede perder de vista que el constante crecimiento de la población es sinónimo de una mayor demanda.

“Para el 2030 o el 2050 se triplicará la demanda de alimentos, ejerciendo una gran presión para el sistema. Por lo que ahí está el desafío de la ganadería mundial de encontrar la forma de producir más en condiciones adversas. De ahí la importancia de ejecutar el programa de reconversión ganadera que promueve Conagan junto con otras organizaciones que contempla este y otro tipo de acciones para incrementar la productividad”, enfatiza.

Economía cambios Ganadería prácticas archivo

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COMENTARIOS

  1. José
    Hace 14 años

    A pesar de sus altos cargos, es triste ver la falta de conocimientos especializados de algunos de los principales actores dentro de la actividad ganadera del país, especialmente cuando emiten criterios técnicos que claramente no conocen, pero que influyen y desinforman al gremio de productores y a la opinión pública. Como decía mi abuelo, Nicaragua es el país donde el corcho flota y el plomo se va apique.

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