Orlando J. Icaza Gallard

Gerardo, Justo y José

Centroamérica debería de ser un solo país.

No creo que haya una sola persona con dos dedos de frente, un poco de sentido común y con algo de progreso en su mente que no piense de esta manera.

Desgraciadamente las cosas no son así y el solo hecho de pensarlo ha causado dolor más que avances en todas nuestras hermanas centroamericanas.

Lo digo, porque desde que nos separamos de España el tiro que suena en Guatemala repica en Nicaragua y hace eco, por mucho que no lo quieran, en Costa Rica. Si no me lo creen revisen nuestra historia con sentido crítico, mente abierta y sin partidismos ideológicos y se darán cuenta de esta realidad.

Aparte de Francisco Morazán (Honduras, octubre 3, 1792- septiembre 15, 1842) el gran unionista centroamericano que muere fusilado en Costa Rica, los finales del siglo XIX y comienzos del XX nos dieron tres presidentes con un sentido liberal progresista y con ideas unionistas.

Un salvadoreño, Gerardo Barrios (septiembre 24, 1813-agosto 29, 1865) un guatemalteco, Justo Rufino Barrios (julio 19, 1835- abril 2, 1885) y un nicaragüense, José Santos Zelaya (noviembre 1, 1853-mayo 17, 1919).

Gerardo Barrios muere, como Morazán, fusilado, pero en El Salvador después de ser capturado en Corinto, Nicaragua. Estando en León prisionero, se produjo el atentado criminal contra don Enrique Palacios, embajador guatemalteco, quien residía en el famoso hotel de los diplomáticos de don Juan Pallais (tío abuelo de Somoza Debayle). Este hotel quedaba en la esquina norte contiguo a la casa donde curiosamente Rigoberto López Pérez atenta contra Somoza García. Lo que quizás le valga el nombre histórico a esa cuadra, de la Cuadra de los Atentados. Se culpó a los seguidores de Barrios que merodeaban en León y Tomás Martínez, entonces presidente de Nicaragua, temeroso de mayores desórdenes, lo entregó al gobierno salvadoreño con el acuerdo de que no se le iba quitar la vida, acuerdo que se violó rápido pues un mes más tarde era fusilado en San Salvador.

Don Enrique Palacios, quien además de ser enemigo personal de Gerardo Barrios, odiaba a Justo Rufino Barrios, escribía artículos furibundos contra este segundo (véase uno de ellos en la revista Conservadora del mes de octubre de 1966). Sin embargo, a diferencia de Somoza García, Palacios no muere por el atentado que le destruyó parte de la cara y del hombro.

Justo Rufino Barrios, acusado de ser un delincuente, pero enérgico, intelectual y abogado, luchó hasta su muerte por conseguir la unión de Centroamérica. A diferencia del anterior muere valientemente defendiendo sus ideas unionistas en Chalchuapa, El Salvador, junto a uno de sus hijos.

José Santos Zelaya, como todos ya sabemos, muere en el exilio en Nueva York de causas naturales.

Todos ellos eran de ideas liberales y llevaron un progreso similar a sus respectivos países creando vías de comunicación, carreteras, trenes, telégrafos y mejorando la educación. Se caracterizaron por ser anticlericales, nacionalistas y comprobados unionistas.

Zelaya quien soñaba con ser presidente de las Repúblicas Unidas de Centroamérica, luchó incansablemente por construir el canal interoceánico en Nicaragua. Infructuosamente trató de negociar primero con Estados Unidos de América y luego cuando los gringos se decidieron por Panamá intentó hacerlo con Alemania y el Japón sin ningún resultado positivo.

Las acciones de estos tres gobernantes, en muchos sentidos, fueron tiránicas y reeleccionistas lo que les hizo ganarse muchos enemigos y finalmente su fracaso. Esta es una lección que debe aprender todo ciudadano centroamericano que desee ser un presidente progresista.

Estos simples, ahora, hechos históricos nos recuerdan nuestro hermanamiento centroamericano y el esfuerzo que debemos hacer por mantener unidas a nuestras débiles repúblicas, aun cuando grandes intereses no lo quieran.

Unas naciones centroamericanas unidas, a como lo deseaban Gerardo, Justo Rufino y José Santos y por la que dio también su vida Francisco Morazán, sin militarismos, sin partidismos fanáticos y populistas y sin ideas reeleccionistas, traerían más estabilidad, paz, prosperidad y protección contra el narcotráfico e indudablemente una mejor educación, cultura y por sobre todo, el respeto que las naciones más poderosas nos deben y del que siempre han abusado por nuestra desunión, ignorancia, pobreza y a veces por qué no, por la megalomanía de muchos de nuestros gobernantes.  

El autor es Médico y Cirujano.

COMENTARIOS

  1. Ramon Macias
    Hace 14 años

    Inteligente e interesante analisis historico de una realidad que olvidamos de una realidad que necesitamos vivirla.

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