Alejandro A. Tagliavini

Obama y otras chinas elecciones

Debido a que las personas son conservadoras y los oficialistas manejan el aparato gubernamental, según los científicos políticos, hasta en el 97 por ciento de los casos gana quién va por la reelección. Así, el triunfo de Obama era obvio, como el de Chávez a pesar de todo lo que destruyó. Según YouTube, millones de personas en 215 países siguieron los debates presidenciales de EE. UU. De acuerdo con Gallup, en 30 países, el 42 por ciento quería votar. Una encuesta de la BBC, en 21 países, dio a Obama ganador con 51 por ciento, contra 21 por ciento para Romney. Dos tercios reconocieron que EE. UU. tiene “gran impacto” en sus países.

Aunque no tanto impacto como cuando su presidente era el “líder del mundo libre”, porque hoy muchos se preocupan más por el crecimiento de China cuyo XVIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), que comenzó el 8 de noviembre, elegirá un nuevo presidente, primer ministro y siete de los nueve miembros permanentes del Politburó.

Los líderes del Partido quieren mostrarse incorruptos. Algunos quieren impulsar una ley para que los dirigentes publiquen sus activos. He Weifang, experto en Derecho, duda: “No creo que otros, que pueden tener ‘fortunas ocultas’, lo permitan”. Los dirigentes oyen cada vez más a las demandas populares, especialmente cuando son de naturaleza medioambiental y no políticas. Así, China arma proyectos faraónicos como la mayor ecociudad del mundo, Tianjin Eco-city, para 350 mil personas, a un costo de US$$9,700 millones, donde el 20 por ciento de la energía sería solar y eólica y el aire acondicionado ciento por ciento natural.

Esta quinta generación de líderes nació durante la República Popular y comulga menos con el maoísmo porque tiene el recuerdo del padecimiento de la Revolución Cultural, y varios han estudiado en Occidente. La creciente concienciación pública, sobre sus derechos y las injusticias, potenciada por la informática, implica un gran desafío para los líderes que llegarán con el Congreso del PCCh, encabezados por Xi Jinping, actual vicepresidente. Según Sun Liping, de la Universidad Qinghua, en 2010 hubo 180,000 “incidentes de masas”. Pero la floreciente clase media no quiere derribar al Gobierno, sino que la escuchen.

Los próximos miembros del Comité Permanente del Politburó, el órgano rector, pertenecen a la Liga de la Juventud Comunista o a la facción de Shanghai, encabezadas por los dos últimos secretarios generales, Hu Jintao y Jiang Zemin, garantizando el continuismo reforzado porque en un alto porcentaje son hijos de antiguos funcionarios, los llamados príncipes (taizidang). Si la Liga de la Juventud avanza, promoverán un desarrollo más equilibrado para reducir la conflictividad social, aunque se desacelere el crecimiento. En cambio, la facción de Shanghai, maximizaría el desarrollo económico, beneficiando a los empresarios y profesionales liberales.

Xi Jinping, que sustituirá a Hu Jintao como secretario general del PCCh, es el príncipe heredero que encabeza la lista de hijos de la nomenclatura que copan los cargos del partido, el Estado, las empresas estatales e, incluso, de muchas compañías privadas. Las activas redes sociales, encabezadas por Weibo (algo como Twitter y Facebook), revelan el creciente malestar por los privilegios de los príncipes. En 2010, el Diario del Pueblo, órgano del PCCh, publicó que para el 91 por ciento de los encuestados “todas las familias ricas proceden de la política”.  

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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