El Consejo Electoral se ha ganado tal desprestigio, que la mayoría de los nicaragüenses con capacidad para votar en las elecciones municipales del próximo 4 de noviembre, dan por descontado el fraude, unos para bien y otros para mal. Los de para bien, porque muchos dan por seguro su elección de alcaldes y concejales, los funcionarios, de seguir en sus cargos, los empleados de mantener sus puestos de trabajo, y los adinerados de sus privilegios que han conseguido en los último seis años, entre ellos algunos empresarios dizque independientes que hacen gruesos negocios con el Gobierno. Y otros para mal, por decirlo de alguna manera, pues verán frustradas, una vez más, sus aspiraciones de unas elecciones transparentes y limpias, las cuales no se realizan desde las últimas elecciones municipales hace cuatro años, cuan
do voltearon resultados a favor de candidatos oficiales, las que se reeditaron con la reelección presidencial inconstitucional y de diputados del año pasado.
Todo porque en el año 2006, los sectores liberales le permitieron llegar al poder a Daniel Ortega. Porque no hay que ir muy largo para buscar a los responsables, desde que los dos candidatos liberales se empecinaron en creer que ganarían solos las elecciones, o en ir a una segunda vuelta que no estaba en la mente de un Consejo Electoral ya manipulado. Elecciones que juntando los votos que obtuvieron los dos candidatos liberales no habría ganado el gobierno dictatorial que hoy controla los organismos constitucionales a su gusto y antojo.
Así finalizó la “Primavera de 17 años de vida institucional”, con alternancia en el poder, en los últimos 33 años. Dando comienzo la comedia nacional en la que por desventura tenemos que participar y saber los resultados ya aparentemente dispuestos.
Como diría el filósofo Chespirito, don Roberto Gómez Bolaños: “Todo está fríamente calculado”. O como mejor lo ilustra el humorista del Diario LA PRENSA, Guillén, con la caricatura en la que aparece un conocido diputado, con boletas en mano, diciendo: “Todo está listo, los resultados y las asignaciones a los partidos, solo falta que nuestros hermanos nicaragüenses salgan a votar”.
Esto tendría ribetes de comedia, pero la situación es más dramática y desoladora, puesto que estas elecciones municipales son “sui géneris”, al parecer no se votará por un candidato sino por un partido, en el caso del Frente sandinista, por el gran hermano que representa a todos los candidatos de ese partido, y quien ya está postulado para repetir en el año 2016. No importa si el candidato a alcalde es popular o no, ellos responden al conocido “dedazo”; método del que no está exenta la fragmentada y egoísta oposición, carente de liderazgo y de un proyecto sólido de futuro.
En el caso de Managua, los dos candidatos liberales solo son conocidos por los empresarios reunidos en el Cosep, pero no por el pueblo que es el que hace el voto mayoritario. Por lo poco que se sabe de ellos son gente competente y seria y diríamos valiente, pues saben a lo que se atienen, ya que deben ser los mejor informados de que aquí, desde hace varias elecciones, el voto no se cuenta, se asigna, como el viejo cuento de aquel que reparte aguacates adentro de un cementerio: “Uno para vos, tres para mí”.
Pero no todo está perdido, los regímenes autoritarios suben alto, pero todo lo que sube tiene que bajar; no lo digo yo, sino alguien que sabe más que yo.
El autor es Presbítero anglicano y abogado
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