Generalmente se asocia la palabra revolución con violencia. Sin embargo, para un grupo de nicaragüenses que decidimos conformar el Movimiento Tres Revoluciones Nicaragua, el significado de revolución es decididamente el cambio rápido y profundo, que anhelamos para la nación. Las referencias que tenemos de las revoluciones ocurridas en nuestro país, no son positivas, pues además de haber tenido un carácter violento no implicaron cambios permanentes en las instituciones, estructuras sociales y formas de gobierno. Independientemente de los signos políticos que las impulsaron, el resultado ha sido siempre: una Nicaragua secuestrada y saqueada por grupos políticos y económicos que insisten en perpetuar una forma de gobierno colonialista. La modernidad no ha llegado a la política nicaragüense, se mantiene en nuestra sociedad la iniquidad y la inmovilidad social. Lo que queremos decir con esto es que no existen políticas públicas reales que permitan que las personas puedan mejorar su nivel de vida o cambiar su estatus económico, obviamente, con excepción de aquellas que se han enriquecido por medio de las mal-llamadas “piñatas” y del saqueo, o sea con el producto del Estado-Botín. En Nicaragua persiste la falta de oportunidades para las grandes mayorías, que son inmisericordemente sometidas a la marginación cuando debería de ser el hogar de todos sus hijos, pues tiene los recursos para proveer de educación, salud, vivienda y empleo a los más pobres, e iniciar una economía sostenible que le permita dar el salto al verdadero desarrollo.
Nuestra propuesta implica un cambio radical en las instituciones políticas, en la organización social y productiva, y la implantación de nuevas formas democráticas de gobierno que traigan progreso al país y beneficien sensiblemente a todos los sectores de nuestra sociedad. No es sostenible, ni es socialista, ni solidario, y mucho menos cristiano, mantener a un amplio sector de la población engañado con temporales regalías, mientras pequeños grupos acumulan poder y riquezas ofensivas a la realidad nicaragüense; u obligar a casi un millón de compatriotas a emigrar y separarse de sus familias, muchas veces dejando atrás a sus propios hijos, en busca de trabajo. Como ciudadanos, conscientes del atropello a la dignidad y a los derechos humanos de los nicaragüenses, y del permanente latrocinio al Estado que embarga las posibilidades de desarrollo para Nicaragua, debemos plantearnos un cambio radical a través de Tres Revoluciones, las que deberán impulsarse con gran dinamismo, cada una en su área, pero a la vez absolutamente sincronizadas entre ellas. Con la revolución ética-institucional, se pondrá fin al Estado-Botín, se dignificará al empleado público y se organizará un Estado eficiente, ejemplo de servicio a la ciudadanía. La revolución educativa implementará programas educativos a todos los niveles, que produzcan en primer lugar excelentes maestros, y por ende profesionales y técnicos con un alto nivel de desempeño y calidad, que le permitirá a los nicaragüenses mejorar su nivel de vida. Y con la revolución agroindustrial se logrará tecnificar la producción, darle valor agregado a nuestras materias primas, diversificar las exportaciones, y colocar a Nicaragua con un sólido nivel competitivo, en el mercado internacional.
Esta propuesta está basada en la realidad, tiene un enfoque integral y novedoso y recoge el pensamiento democrático de diversos sectores de nuestra sociedad. Estoy segura de que Nicaragua sí cuenta con las condiciones para impulsar estas tres revoluciones y ver los frutos a mediano plazo. Debido a la desesperanza que reina en el país, ante la descomposición social y moral, y por el ensanchamiento del abismo entre ricos y pobres, urge sentar las bases de una revolución pacífica, auténticamente democrática y progresista.
Invito a los ciudadanos que quieran leer el documento completo, a escribir a la dirección: [email protected].
La autora es miembro Directivo del Movimiento 3R Nicaragua.
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