Del comercio justo al comercio injusto
Daniel Ortega nos ha venido ofreciendo en los últimos años que con sus socios del ALBA pasaremos del comercio injusto, imperialista y explotador al comercio justo, cristiano, socialista y solidario.
Hoy nos aseguran que para lograr sus objetivos es preciso abandonar el maldito dólar sustituyéndolo por una nueva unidad de cuenta común: el Sucre, creando la zona monetaria del ALBA.
Los argumentos y razones que los voceros del gobierno han venido esgrimiendo para convencernos de las ventajas de su nuevo modelo, montado en las remembranzas del viejo Comecon y las anacrónicas prácticas del trueque socialista, pudieran parecer interesantes, inteligentes e incluso atractivas para algunos ilusos.
Lo grave de todo el asunto es que en el dictamen favorable de la Comisión de Producción Economía y Presupuesto de la Asamblea Nacional los diputados suscriptores omitieron expresamente confesarnos que el bendito Sucre no podrá ser usado por Nicaragua para cancelar la factura petrolera con Venezuela.
Dos empresarios que estuvieron presentes en la consulta de la Comisión me comentaron que a los diputados e invitados les quedó claro que el comercio petrolero quedaba excluido de las ventajas del Sucre. En otras palabras que el vivo de Chávez continúa prefiriendo el odiado dólar obligando a sus satélites a pagarle en dólares y a recibir los sucres. Convirtiendo el acuerdo marco en un subsidio de los pequeños para su deteriorada economía producto de sus desmanes y divorcio de las reglas del mercado.
Para entender lo injusto del sistema que se nos está imponiendo basta pensar que nos pasaría si se nos obliga a vender en córdobas y a comprar en dólares. ¿Qué tal nos iría?
Es importante el editorial del Diario LA PRENSA publicado el pasado lunes, pero el problema no es únicamente de libre comercio, hiere más profundamente la seguridad macroeconómica de la nación.
Las autoridades de la república deberían exponernos con franqueza, no ocultarnos los riesgos que para nuestra economía significarán los nuevos términos de intercambio y los economistas deberían comentarnos cuanto tiempo aguantarán con estas nuevas prácticas nuestras reservas en dólares. Las tensiones a que estará sometida nuestra balanza de pago a mediano plazo afectará sin duda nuestra cacareada estabilidad económica, una vez más la retórica y la propaganda habrá prevalecido frente a la racionalidad económica.
José Bernard Pallais Arana
¿Honor, seguridad, servicio?
Con estas enseñas se presenta ante el pueblo la Policía Nacional, pero yo me pregunto: ¿Cuál honor? ¿Seguridad, para quién? ¿Servicio a quién? muy seguramente para ellos mismos, porque el pueblo está lejos del favor de la institución que se supone garantiza la seguridad ciudadana. Los hechos hablan por sí solos: hace unos días, en Managua, un policía furioso mató de un balazo a un joven motociclista porque se corrió al ser requerido por la “autoridad”, por no andar el casco reglamentario. Correrse, en un caso como este, que pudo ser de nerviosismo de parte de la víctima, no es motivo para que un agente que está ganando un salario por “cuidar del bienestar de la ciudadanía” le dé muerte a un ciudadano. ¿Es esto lo que les orientan sus jefes en la formación diaria que realizan por las mañanas?
¿Podríamos salir a la calle con la confianza de que hay un cuerpo policial que garantiza nuestra seguridad ciudadana? Por supuesto que no, porque muchos miembros de la Policía se han valido de su uniforme para maltratar al pueblo. En Jinotega, hace algunos años el propio comisionado de la Policía local mandó a encarcelar a un joven, porque la novia del muchacho se negó a bailar con el “jefe” en una fiesta y estando el muchacho esposado en la cárcel, la emprendió a golpes contra él con toda la furia de un alto mando de la gloriosa institución que garantiza la seguridad ciudadana. Y esto, para mencionar un solo ejemplo de las arbitrariedades que muchos de sus miembros cometen.
Sería muy saludable para todos que los altos mandos orienten a los subalternos a tratar bien al pueblo, que es quien les paga el salario que devengan por lucir su autoridad, pero desgraciadamente se han hecho acreedores del miedo de la ciudadanía, y eso los sitúa en una posición delicada, pues cuando el respeto del ciudadano se convierte en miedo hacia la autoridad se evidencia la anarquía, que no es más que uno de los pilares en que se sustenta la dictadura, y en Nicaragua para que el gobierno de Daniel Ortega sea igual al de Somoza, lo único que le falta son los reos políticos.
Dios nos libre de esta epidemia dictatorial.
Ramón Pineda, Jinotega
Controversia sobre misión de la Iglesia
En las páginas Voces de este Diario el pasado 27 de octubre del año en curso se publico un escrito del señor Moisés Ruiz Romero titulado “La misión de la Iglesia”, en el cual refuta un anterior escrito mío sobre este tema. El señor Ruiz Romero expresa que yo soy ignorante. No lo niego, pues todos los seres humanos somos ignaros, no sabemos todo. Pero se lo agradezco por recordármelo.
Empero, la doctrina católica como esencia exacta fue enseñada por Jesucristo hijo de Dios, para mostrar a los hombres el camino de la salvación y de la vida eterna. Sus partes más importantes y necesarias son cuatro: el Credo, el Padre Nuestro, los Diez Mandamientos y los siete sacramentos, entre otros cánones bíblicos. Por tanto, lo escrito en la Santa Escritura es la verdadera ley de Dios, porque fue otorgada por la divinidad y no por los hombres a su servicio, como encíclicas papales y documentos pontificios.
Mantengo que respeto a mi Iglesia católica, a sus sacerdotes, y aclaro que nuestra Iglesia católica tiene como misión un servicio social evangelizador cristiano únicamente, no hacer política de Estado porque de esto se encargan los partidos políticos, gobernantes de los cuatro poderes del Estado, asociaciones civiles, políticas y democráticas, con sus políticas “buenas o malas”. De tal suerte, estimo no correcto que la Conferencia Episcopal esté haciendo un híbrido sagrado con la política de Estado. Estos cánones por antonomasia se excluyen, por su ideología. Respeto la opinión del señor Ruiz Romero, pero debo decirle que todo lo que se escribe algún sabor le deja al lector, dependiendo de su “ideología” y de su “fanatismo”.
En el tercer párrafo de su escrito el señor Ruiz Romero dice: “Don Bayardo expresa que el mensaje de la Conferencia Episcopal demuestra apatía contra los partidos y alianzas políticas, gobernantes de los cuatro poderes del Estado es incongruente con su misión de paz y esperanza y usar la jerarquía que tiene de la Iglesia católica para estos asuntos la desdicen la Conferencia Episcopal se contradice y reta, mejor prediquen”. Este texto es inepto e inexistente conforme lo que yo escribí. El señor Ruiz Romero no puso que la Conferencia Episcopal también demuestra apatía a las asociaciones civiles, políticas y democráticas, como está escrito en mi carta y señalado por la Conferencia Episcopal, ahí está desinformando.
Por otra parte, el señor Ruiz Romero irrisoriamente, desacertadamente e incongruentemente otorga crédito a la Conferencia Episcopal, que sus firmas equivalen a la del Santo Padre. Eso es un abuso, soberbia e irrespeto. La jerarquía, aquí en cualquier parte del mundo se impone, y al Santo padre no se le puede sustituir por una Conferencia Episcopal, cualquiera que esta sea. Cuan perdido está señor Ruiz Romero. Yo no trato de enseñar como el maestro Jesús, como me señala este señor. Trato de aclararle a la Conferencia Episcopal por el bien de nuestra Iglesia católica, que no se entrometa en asuntos de política de Estado, porque la Iglesia católica no es un ente político, es un ente al servicio del evangelio de Dios y la inmensa feligresía.
Los feligreses seguros quieren a su Iglesia como ente católico santo. Usarla para asuntos ideológicos y políticos, la desacreditan.
Bayardo Quinto Núñez
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