La carta pastoral que dieran a conocer nuestros obispos, sobrepasó cualquier expectativa. En ella no solo pusieron en evidencia los desmanes y atropellos del gobierno a nuestra institucionalidad, a nuestros derechos civiles y políticos, sino que también hicieron un llamado de atención a la oposición, el cual ha sido motivo de análisis por distinguidas personalidades. A continuación, cito literalmente la reflexión emitida por la conferencia episcopal: “Los partidos políticos de oposición, que aspiran a llegar al poder, se debaten en luchas internas y descalificaciones recíprocas, que no tienen su origen precisamente en motivaciones democráticas, sino en la búsqueda de mayores espacios de poder y en ambiciones personales. Estos partidos no han logrado interpretar el sentir de la población, no renuevan a sus líderes y no ofrecen estrategias políticas ni alternativas claras que conduzcan a la elaboración de un proyecto de nación”. Independientemente de los mea culpa y promesas de cambio hechas por algunos, es más importante que traten de encontrar las causas que los han llevado a caer en esos vicios.
En las diferentes reuniones a las que he asistido últimamente, en todas ellas la opinión es unánime sobre la claridad con que los obispos identificaron el problema de la oposición. De entre las opiniones escuchadas, quiero referirme a una en particular por considerarla la más ilustrativa. Una señora nos dijo: la culpa de todo este embrollo en que está envuelta la oposición la tienen los que caminan por la política con zapatos prestados y por la debilidad que algunos políticos sienten hacia estos. Cuando le pedí que explicara, dijo que zapatos prestados son aquellos que orbitan alrededor de estos “líderes” y están de acuerdo en todo lo que el líder piense aún antes de que este lo piense, siempre están dispuestos para cualquier mandado que el líder requiera, no importa donde el líder vaya ni el sacrificio que haya que hacer para acompañarlo, ellos siempre serán los primeros en estar allí.
Otra cualidad de los zapatos prestados es la increíble capacidad que tienen para saber siempre donde estará el líder. Si es un cumpleaños, un entierro o el lugar donde van a vacacionar, ellos estarán siempre al lado del líder aún sin importar si fueron o no invitados.
El problema con estos incondicionales es que ponen una cortina entre el líder y el resto de los miembros del partido, y por ende entre este y el pueblo, en su mayoría son propensos a la corrupción. Cuando hay elecciones son los primeros en proponerse para ocupar los más altos cargos y una vez que lograron la bendición, se las arreglan para imponer a sus incondicionales, los que casi siempre son unos excelentes buenos para nada. Otra cualidad, si es que se le puede llamar así a este atributo, es la increíble destreza que desarrollan para buscarse otro líder a quien arrimarse cuando el anterior hace agua o entra en desgracia casi siempre por culpa de ellos.
Usted amigo lector podrá o no estar de acuerdo con esta descripción, pero los que militamos en política activa no podemos menos que sorprendernos con tan acertada descripción sobre esa subclase que camina por la política con zapatos prestados.
El autor es abogado y miembro del Movimiento Liberal Ramiro Sacasa Guerrero.
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