Magdalena de Rodríguez

Los valores y la retórica en la política

Entre los centenares de iglesias históricas y consagradas existentes en el mundo actual, solo la Iglesia católica ha creado sustentado y adecuado al espíritu de los tiempos una doctrina social. Fiel a los orígenes cristianos de su ministerio ha conservado durante 20 siglos viva y renovada la exigencia primordial de Cristo; el amor de caridad o “agape” hacia el prójimo, (próximo) hacia el otro no próximo y aún hacia los extranjeros y los enemigos “los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno (Hechos 2-44-45)”.

Cuando el cristianismo ya no fue principalmente una forma de vida y los padres de la Iglesia recurrieron a la filosofía para darle un sustento más acorde con las exigencias de la modernidad de aquellos siglos, digamos que en el 220 Tertuliano, gran escritor cristiano se asoma a la filosofía griega y a partir de entonces comienza Aristóteles (384-322) a iluminar los tratados de aquellos sabios primogénitos que con sus reflexiones ya dogmáticas o apologéticas sentaron las bases del catolicismo actual. Todos estos primeros impulsos definitorios del cristianismo que tienen su columna en la Iglesia católica como la conocemos y practicamos los creyentes hoy, logran plenitud en la Summa Fiológica de Tomas de Aquino.

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La reflexión final sobre los valores y la retórica en la política es que aunque los dogmas políticos son transitorios los valores que los sustentan son eternos; que todo partido se desacredita en el poder porque la retórica se vuelve sofística y la sociedad confunde retórica con demagogia cuando la demagogia hace mal uso de la retórica y quien falla en el gobierno no son las ideas son los seres humanos.

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Apologistas y catequistas luchan por encontrar términos adecuados y comunes para la expresión de los valores aceptados en Europa por grandes mayorías y es la filosofía aristotélica la que presta de nuevo su concurso con la retórica (Rhetorike) para que los doctrinos encuentren los términos que sean la expresión verbal que dará vigencia permanente a sus valores eternos. Y fue la Iglesia católica quien acuñó para su doctrina social el principio de “El Bien común”. Por siglos este concepto doctrinario fue exclusivo de la Iglesia católica. A mediados del siglo XX Luigi Sturzo, sacerdote siciliano, amigo y consejero de los obreros italianos, creó un sindicato de obreros cristianos, ante la enorme angustia que padecían estos, desorientados por el fracaso del fascismo unos y del comunismo otros, al concluir la Segunda Guerra Mundial. Había nacido la Democracia Cristiana (DC).

Pocos años después la DC ha ganado prosélitos y se convierte en partido político en Italia y en Alemania fundamentalmente, donde los estragos de la guerra han agotado toda esperanza y donde resurgen la ilusión, y la fe en una doctrina redentora alejada del catolicismo puesto que no se trataba de una doctrina confesional si no de un partido político el que como todos los partidos tiene como finalidad la consecución del poder.

A Italia y Alemania las redime la DC con sus principios doctrinarios: el respeto a la persona humana, la primacía del bien común y el perfeccionamiento de la sociedad civil.

Lo que nació como un sindicato cobra fisonomía doctrinaria con el pensamiento del escritor y filósofo francés Maritaine. El partido Demócrata Cristiano o Socialcristiano crea para la expresión de sus valores una retórica nueva en el ámbito político, la repite y la consagra, para la sociedad “el bien común”, expresión que hoy han hecho suya todos los partidos políticos de la tierra. Tiene el socialcristianismo otra base eclesial ilustrísima, la Encíclica Reum Novarune del papa León XIII en 1891.

En Nicaragua nace la Democracia Cristiana con el nombre de Partido Socialcristiano el 25 de septiembre de 1957. Son siete jóvenes los fundadores: doctores Orlando Robleto Gallo, Eduardo Rivas Gasteazoro, José Luis Tijerino, Rodrigo Víctor Tinoco, Alfredo Cardoza y dos jóvenes maestras Digna Zamora y Gloria Domínguez.

De labio de estos nicaragüenses, hoy casi todos idos a la eternidad hemos conocido de aquellos años y de su entusiasmo en flor que contagió a la juventud de los años sesenta acosados por las paralelas históricas, liberalismo somocista y conservatismo zancudo. Hago la exclusión honrosa del PLI y del Partido Conservador de Nicaragua.

El Partido Social Cristiano asaltó las universidades, se apoderó de la dirigencia estudiantil, convenció a grandes grupos obreros (CTN) tuvo dirigentes de gran talla, una juventud vigorosa en el 67 que no obstante la férrea oposición de la dictadura somocista tuvo dos representantes en el poder legislativo; en la cámara de diputados Orlando Robleto Gallo y en el Senado Eduardo Rivas Gasteazoro, el sistema de aquel tiempo era bicameral, penetró el campo; jefeó huelgas exitosas y trajo al país la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) vigente hasta hoy.

La reflexión final sobre los valores y la retórica en la política es que aunque los dogmas políticos son transitorios los valores que los sustentan son eternos; que todo partido se desacredita en el poder porque la retórica se vuelve sofística y la sociedad confunde retórica con demagogia cuando la demagogia hace mal uso de la retórica y quien falla en el gobierno no son las ideas son los seres humanos. La autora es profesora, fue diputada y ministra de cultura.

COMENTARIOS

  1. Jose A Somarriba
    Hace 14 años

    Que pincelazos tan refrescantes para las nuevas generaciones de Nicaraguenses y sobre todos a los jovenes Socialcristianos y Democratas Cristianos, en sus 55 años de fundacion en Nicaragua.

    Doña Magdalena ejemplo para muchas mujeres y hombres de bien. Explicacion sencilla pero clarisima de los terminos «El bien comun» el respeto a la persona humana. la primacia del bien comon y el perfeccionamiento de la sociedad civil.
    Excelente articulo de una buena escritora y politica, felicitaciones.

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