“El Señor tomó una parte del espíritu de Moisés y se lo dio a los setenta ancianos” (Números 11;25,26)
Pienso que una sociedad que olvida y pierde el respeto hacia sus viejos es una sociedad decadente o muerta.
Una sociedad que agoniza, pues no puede vivir de las experiencias de su pasado. Es una sociedad que se niega a sí misma y que no quiere aprender de sus errores para evitarlos y poder crecer.
Con asombro leí el otro día un artículo de opinión publicado en un diario local escrito por el estimable médico y colega Orlando Morales, que con mucha tristeza y preocupación se quejaba del despido solapado, con el nombre de retiro temprano, de muchos profesionales en Salud que habían acumulado una gran experiencia, aduciendo de su edad para darle oportunidades a los más jóvenes. Un acto de Puer aeternus como si la juventud fuera eterna y sabia (léase al siquiatra Carl Gustav Jung o Metamorfosis del poeta romano Ovidio).
Qué error más grande. Apartar la experiencia y pretender ocultarla con pretextos superficiales a todas luces de origen político.
Si en algo tuvo razón Carlos Marx cuando criticaba al capitalismo fue cuando habló del desdeño con que el viejo era tratado en ese sistema. Y quizás fue una de las pocas sino la única, en que no se equivocó.
Y es que al viejo en las sociedades capitalistas se le trata como a un objeto más. Terminó de producir debido a su edad, entonces a la basura.
Como leemos en el pasaje bíblico del comienzo de este artículo, hasta Dios le quita algo del espíritu al líder máximo del pueblo judío, Moisés para dárselo a los setenta ancianos y que estos puedan ayudarle a gobernar a su pueblo con la sabiduría de Él.
Nicaragua como una sociedad joven con muchos problemas, tiene que aprender de lo bueno de cada sistema social y tratar de no imitar lo malo.
El respeto hacia nuestros viejos es algo que está muy profundo en el alma del nicaragüense por razones antropológicas y genéticas, pues muchos de nuestros aborígenes respetaban la opinión de sus huehues (del Náhuatl) dándoles suficiente poder para resolver problemas de todo tipo, fueran estos políticos, morales, sociales y hasta personales (pues practicaban curiosamente la confesión).
Los famosos güegües y/o consejos de ancianos se respetaban en todo el sentido integral de la sociedad o tribu donde ejercían su autoridad con veneración desmesurada. Era este sistema una de las dos formas de gobierno más importantes encontradas por los europeos al llegar a América y bastante practicado entre los Chorotegas.
El anciano es el hombre sabio, el senex (del latín) de donde se origina la palabra senado y que dio particularmente a Roma mucha sabiduría hasta que sus senadores fueron remplazados por recomendados y familiares de los emperadores, causa irreversible de la decadencia de este imperio.
¿Por qué entonces Nicaragua se tiene que apartar de las pocas cosas buenas que heredamos de nuestros sabios ancestros, senex o sages?
Hay dos cosas irremediables en nuestras vidas: la muerte y la vejez. Nadie se puede escapar de una de ellas o de ambas. Por muy joven y fuerte que alguien se sienta ahora, el día les va a llegar. No deseo ser pesimista; pero tarde o temprano les garantizo se verán viejos y quizás despreciados por la propia filosofía que crearon cuando fueron jóvenes. Pongan su barba en remojo. Ya nos lo cantó Rubén en un tono profético bellísimo: “Juventud divino tesoro te vas para no volver”.
Respetemos a nuestros viejos, oigámoslos, venerémoslos, démosle el cuido que se merecen y que con su edad se han ganado. No importa que sea este un simple campesino, un vendedor de lotería, un médico, un presidente de república, un periodista retirado, una vieja necia o un ambulante limosnero, que su sabiduría no está en lo que es o fue, sino en los años que tiene.
Una sociedad que respeta, cuida y escucha a sus viejos es una sociedad que va a triunfar, una sociedad que va a hacerse la vida más fácil y constructiva, es una sociedad que va a agradar a Dios y será bendecida.
Así de simple, por mucho que las computadoras y los iPhone no sean bien entendidos por los viejos de hoy y los jóvenes se ufanen con ellos.
Por algo dice el refrán antiguo y bastante anicaraguanado: “El gallo viejo con el ala mata”. El autor es médico y cirujano, . Lady Lake, Florida.
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