Las actuales elecciones municipales son las más insípidas de todas las realizadas hasta ahora. A pesar que algunas personalidades realizan esfuerzos por llamar al voto y vencer así un abstencionismo colosal la gente, que no sea del FSLN, no parece responder a ese interés y en consecuencia estamos frente a una barrida inobjetable del partido gobernante y la indudable e indecorosa extinción de eso que todavía se hace llamar “oposición”.
Es cierto que la reputación institucional de quienes cuentan los votos colapsó pero aun así con todo conocimiento de causa el PLI y el PLC aceptaron ir. No menciono por respeto a la inteligencia a otros zancudos pero no nos vengan a gritar mañana ¡fraude! y menos a pedir al nicaragüense que se hartó de sus inconsistencias a que los acompañemos en sus berrinches.
Los resultados ya los conocemos y lo único que atrasa es el día de las elecciones, pero mientras tanto sin hacer mucho alarde el Frente Sandinista camina altivo hacia la consolidación hegemónica de su poder porque así se lo permitió un liberalismo que se desangró en su enconado odio y en su agonía se quedó sin propuesta y sin respaldo.
Incapaces de superar su cainismo la mal llamada “oposición” se desarmó así misma al no tener los pantalones para excluirse y prefirió acudir al sainete con el cuento de probar que les robarían las elecciones. Así lo gritaron en el 2006 con el 8 por ciento que quedó en el aire, en el 2008 cuando no imprimieron fuerza a su demanda y ahora más recientemente en el 2011 donde les volvieron a dar el mismo chocolate que ahora vienen otra vez a probar.
El liberalismo entre más se autodestruye menos razón tiene para argumentar que todo lo hacen por sus personerías pues al fin y al cabo de nada sirven. Desde el punto de vista ideológico el liberalismo siempre tendrá mañana pero partidariamente hablando el PLC y el PLI son un pasado extinto y su única opción es volverse a inventar.
Mientras el partido gobernante hegemoniza su poder absolutamente y juega con un presupuesto paralelo que le resuelve las necesidades de la gente y recibe de la élite empresarial criolla y de los organismos internacionales el beneplácito administrativo del manejo que hace de la economía, poco o nada le podrá interesar al FSLN que lo tilden de dictador pues al fin y al cabo el autoritarismo que le endosan no tiene prisioneros políticos en las cárceles, ni hay censura y todo el mundo hace el negocio que quiera y con quien quiera a pesar de que evidentemente hay un problema visible en el campo de la institucionalidad.
Esto último sin embargo ya no es arma de ataque de nuestra atomizada oposición pues con su participación en las “designaciones municipales” de este año avalaron absolutamente todo y el votante lo sabe tanto que difícilmente acudirá a las JRV pues no hay inspiración, ni candidatos, ni programas para hacerlo.
Hay evidentemente FSLN para rato. La única manera de acortar eso que luce a eternidad es la bendita unidad que todo el mundo sabe que es necesaria pero que está tirada como cualquier cosa en el rincón del basurero. Luego entonces hay que poner a un lado las dagas y los puñales para empezar a soñar con una oposición real y legítima que al menos haga cosquillas a quienes gobiernan.
Actualmente hay liderazgos visibles que pueden conducir el carro, pero hay peatones sobre la vía que estorban y así lo deberían entender Arnoldo Alemán y Eduardo Montealegre. El autor es periodista.
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