Cuenta una historia que existía en el fondo del mar un reino de cangrejos. En cierta ocasión el consejo de ancianos de los cangrejos se reunió cansado de que en el mundo animal existiera un concepto errado de ellos, que eran el reflejo del retroceso, porque en vez de avanzar al caminar más bien retrocedían. En otras palabras, caminaban para atrás y es de donde se origina la frase pesimista de “caminar como el cangrejo”. “Somos un mal ejemplo” decían y debemos de cambiar esa errónea idea en las futuras generaciones, porque nosotros ya estamos viejos para hacerlo.
Fue así que decidieron emitir un decreto para obligar a las madres a enseñar a sus hijos, desde que nacieran, a caminar correctamente, como lo hacían todos los animales. Sin embargo, observaron que los cangrejitos aprendían a caminar hacia adelante, pero con el tiempo terminaban haciéndolo hacia atrás. La respuesta de los niños cangrejos fue sencilla: “Hacemos lo que nuestros padres hacen. Nos enseñan a caminar hacia adelante, pero ellos y toda nuestra familia caminan hacia atrás”.
La lección es sencilla. Hablamos a nuestros hijos de respeto a las leyes, de honestidad, de solidaridad, de ética y moral, y de otros valores, pero a veces no predicamos con el ejemplo y nos hacemos cómplices cuando se irrespetan estas leyes, permitiendo la elección de candidatos vetados legalmente, más de medio centenar de funcionarios ocupando cargos al margen de la ley, un tribunal electoral no solo artífices de fraude, sino con algunos de sus miembros vinculados al crimen organizado, una oposición desarticulada y sin estrategia, una clase empresarial acomodada, mientras en el reino de los cangrejos continuamos caminando para atrás.
Lo más triste de este reino son los niveles de pobreza, que a pesar de toda la ayuda internacional recibida, los más desposeídos continúan sin un futuro que les depare una situación económica mejor.
Basta hacer un breve ejemplo para darnos cuenta que algo pasa en este reino, para que los niños cangrejos aprendan a caminar hacia adelante. Se calcula que en los últimos cinco años el actual gobierno ha recibido 2,135 millones de dólares de la ayuda venezolana, lo que equivale a más de cincuenta mil millones de córdobas. Basta dividir esa cantidad entre cinco años, para un promedio de diez mil millones de córdobas anuales, o sea más de ochocientos millones de dólares mensuales, lo que equivale a 26 millones de córdobas diario solo de ayuda venezolana.
No se necesita ser matemático ni economista para darnos cuenta por qué los ciudadanos cangrejos siguen caminando hacia atrás, y por qué este monto de ayuda económica, sumado a la de otros países, no ha logrado incidir en la disminución de la pobreza en forma efectiva, a pesar del crecimiento económico que solo se observa en determinados sectores de la población.
¿Cómo podremos explicar a las generaciones futuras que a pesar de tanto apoyo económico, en casi dos décadas continuamos siendo la segunda economía más pobre del continente y la mitad de la población viviendo en pobreza o extrema pobreza? En otras palabras, y triste la comparación somos pero como los cangrejos. No avanzamos.
Los niños cangrejos comenzarán a caminar bien, cuando observen que sus padres, su familia y todos los que les rodean, no se dieron por vencidos e intentaron caminar hacia adelante para que en el reino animal no se siguieran burlando de ellos.
El autor es escritor y periodista.
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