El caso de la exviceministra de Cultura y Juventud de Costa Rica, Karina Bolaños, ha conmocionado no solo a ese país vecino sino a toda la región latinoamericana.
El escándalo estalló cuando un vídeo en el que se ve a la señora costarricense en ropa interior, tendida de bruces sobre una cama, diciendo frases apasionadas a un supuesto amante, fue publicado en las redes sociales y repercutió después en la mayoría de los medios de comunicación social de la región.
Al parecer el escándalo no es por el morbo que produce la visión de esas imágenes íntimas de la señora Bolaños (pues vídeos mucho más explícitos se pueden ver en la Internet), sino por su condición de política y funcionaria pública de su país, y por la rapidez fulminante con que fue despedida de su cargo, por la presidente Laura Chinchilla.
Pero más escandaloso ha sido el manejo público desproporcionado que se ha hecho con las imágenes y el nombre de la señora Bolaños, que contrasta con el mantenimiento en el anonimato de la imagen y el nombre de la persona que es la contraparte en este penoso caso; es decir, del hombre —del cual se dice que es nicaragüense— que según las informaciones ha demandado judicialmente por acoso a la exfuncionaria del gobierno de la presidente Laura Chinchilla y de acuerdo con la exfuncionaria es quien habría divulgado el escabroso vídeo.
En realidad, tienen razón las personas promotoras del respeto a la igualdad de género y defensoras de la integridad moral y física de la mujer en todas las circunstancias, las cuales aseguran que la señora Bolaños es víctima de un linchamiento virtual y mediático; que la están condenando a la muerte moral y que su situación viene a ser prácticamente igual a la de las mujeres de los países musulmanes fundamentalistas, que son humilladas y ultrajadas públicamente, incluso muertas por lapidación, debido a acusaciones ciertas o falsas de infidelidad conyugal y otros supuestos delitos de comportamiento sexual y personal.
En el vídeo de la señora Karina Bolaños se puede escuchar perfectamente que le dice al supuesto amante que le está pidiendo mucho y que ella no está acostumbrada a hacer eso. Es decir, que no está acostumbrada a que la filmen desnuda y diciendo palabras eróticas. De lo cual se puede inferir que alguien le pidió, la convenció o la obligó de cualquier manera, a prestarse a esa filmación.
Esto debería ser investigado por las autoridades costarricenses, pero también por los medios de comunicación que le han dado tanta publicidad a las imágenes de la apasionada Karina. Y se debería informar quién es el supuesto examante de la señora Bolaños, pues si la ha acusado por acoso en los tribunales esto es un hecho público. Este hombre ha dicho que por su familia, su trabajo y su nombre, quiere permanecer en el anonimato. Pero también la familia y el nombre de Karina Bolaños son importantes y, sin embargo, se ha abusado con la difusión de sus imágenes. Lo cual solo se puede interpretar como una manifestación de machismo cultural, mediático y político, que denigra a la mujer por ser hembra y protege al hombre por ser varón.
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