En las elecciones ya no se cuentan los votos, sino que se inventan resultados para conveniencia del partido gobernante, es una expresión que he escuchado de un sector de la oposición que se ha caracterizado por ser muy coherente con sus argumentos y posiciones públicas. La oposición carente de liderazgo y de presentar propuestas, se debate entre asistir o no a las elecciones municipales de noviembre próximo, a pesar que se mantienen los mismos magistrados de facto en el Consejo Supremo Electoral que según ellos han dirigido tres fraudes electorales, se les pone trampas a la oposición en las presidencias municipales y departamentales colocando a directores administrativos sandinistas que mandan más que ellos y se le impiden las labores a sus fiscales, entre otras anomalías.
Un destacado analista político nicaragüense me decía que para que haya una procesión debe haber un santo. Eso es de lo que carece la oposición en los últimos años, de un verdadero liderazgo. Por ejemplo, el excandidato a la Vicepresidencia de la República, Edmundo Jarquín, argumentó hace unas dos semanas el porqué no se debía ir a las elecciones municipales. “Pensando en el país y después de escuchar muchas voces, he llegado a la conclusión que lo mejor para Nicaragua es decir para todos, orteguistas y no orteguistas, que las elecciones municipales programadas para noviembre próximo se suspendan”, sostuvo Jarquín, quien dijo que Ortega no respondió a las recomendaciones que tanto en Nicaragua como la comunidad internacional han hecho para tener unas elecciones municipales creíbles y que cumplan con estándares democráticos internacionales. Absolutamente de acuerdo. Sin embargo, a los pocos días varió su posición, aparentemente para no contradecir a los dirigentes de su antigua Alianza PLI quienes quieren ir a los comicios, y manifestó que existen poderosas razones para no ir a las elecciones como para ir a las elecciones.
¿Documentar fraudes? La naturaleza y razón de ser de todo partido político es ganar las elecciones para obtener el poder, pero en nuestro país resulta paradójico escuchar a algunos dirigentes decir que se debe participar en la elecciones “para documentar el fraude electoral”. ¿Qué sentido tiene “denunciar” otra vez las urnas preñadas a favor del FSLN, que no le permitieron a sus fiscales ejercer sus labores, que maquillaron las cifras, que en varias Juntas Receptoras de Votos los 400 o más votaron a favor del partido gobernante?
Entonces ¿qué hacer? es lo que preguntan los opositores a las personas que les critican su pésimo actuar en la política. Lo que debieron hacer desde que ellos denunciaron que Ortega no podía ser candidato presidencial por el doble candado constitucional y que la Corte Suprema de Justicia no podía declarar inconstitucional a la Carta Magna, no debieron participar en esas elecciones y se debieron tomar las calles con protestas masivas e impedir la realización de esos comicios. Pero fueron. Y a pesar que calificaron esas elecciones de fraudulentas y las documentaron, aceptaron de parte de Roberto Rivas las credenciales para ir a ocupar los curules en la Asamblea Nacional bajo el argumento que iban a hacer “oposición inteligente” y que ese foro iba a ser de constante denuncia. Pero, ¿qué ha pasado? Que en la mayoría de leyes importantes y polémicas han votado con el Gobierno. Ante la incapacidad manifiesta de los denominados opositores la ciudadanía espera un santo para la procesión, que no es Santo Domingo de Guzmán.
El autor es periodista
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A