El partido de oposición PLI denunció que en la verificación electoral realizada el fin de semana pasado, el Consejo Supremo Electoral (CSE) de facto y el FSLN cometieron múltiples anomalías y arbitrariedades. Denunció sobre todo el PLI, que el CSE orteguista maneja dos padrones electorales, uno activo y el otro “pasivo”, y que según cifras oficiales hay municipios donde los votantes son más que sus residentes.
Pero no solo el partido opositor denunció las anomalías y arbitrariedades ocurridas en la reciente verificación electoral. También el Instituto para el Desarrollo de la Democracia (Ipade), que es un organismo cívico independiente especializado en observación electoral, informó que el porcentaje de verificación fue menor que el dado a conocer por el CSE y denunció además que sus observadores “fueron hostigados con agresiones verbales por los técnicos de verificación y por grupos afines al partido” (de gobierno).
Respecto a la adulteración de las cifras oficiales de la verificación, la oposición señala como ejemplo el caso del municipio de Pantasma, departamento de Jinotega, donde el CSE reporta más de 50 mil personas habilitadas para votar, pero según el Instituto Nicaragüense de Información de Desarrollo (Inide), que es el organismo estatal de estadísticas y censos, hay allí menos de 44 mil ciudadanos. Y lo mismo ocurre en otros municipios como los de San Carlos, León, Ciudad Sandino, El Jícaro y no se sabe cuántos más.
Conociendo cómo funciona el CSE y al servicio de quién están sus magistrados de facto, es fácil deducir por hechos tan turbios como la alteración de las cifras de inscritos y posibles votantes en las próximas elecciones, que el fraude electoral está en marcha. Lo cual no deja de ser curioso, porque la verdad es que el FSLN no necesita hacer fraude para ganar las próximas elecciones. Por el control abrumador que el orteguismo ejerce sobre los poderes del Estado y el uso discrecional de los recursos públicos, más la desmoralización y el derrotismo que imperan en la oposición, el FSLN puede ganar fácilmente los comicios sin recurrir a otro fraude electoral, como los que perpetró en 2008 y 2011.
De manera que si se está fraguando y de hecho ya se está ejecutando un fraude para las elecciones municipales de noviembre, es porque el poder político del país se encuentra en manos de personas fraudulentas compulsivas y la maquinaria para hacer fraudes en la que han convertido al CSE, no puede hacer más que eso.
Esta es una situación como la del ladrón patológico que roba aunque no tenga necesidad de hacerlo, hasta cuando se encuentra en la cárcel, o la del terrateniente geófago, que es dueño de grandes extensiones de tierra pero no deja de apoderarse por la fuerza de la tierra ajena, inclusive la de sus parientes.
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