“Decidí jubilarme del campo del Derecho porque aunque me gusta no era mi pasión. Lo que yo tenía en el fondo de mi alma, desde niña, era el arte”. LA PRENSA/Carlos Herrera

Gabriela Sotomayor, abogada y artista plástica

Gabriela Sotomayor de Arellano es una de esas mujeres tan francas, que al conversar con ella pareciera como si la conocieras de toda la vida. Es sencilla, sin poses, ni apariencias, segura de sí misma, pero sobre todo posee pasión por las manualidades y la pintura.

 

Axiliadora Rosales

Fotos: Carlos Herrera

Gabriela Sotomayor de Arellano es una de esas mujeres tan francas, que al conversar con ella pareciera como si la conocieras de toda la vida. Es sencilla, sin poses, ni apariencias, segura de sí misma, pero sobre todo posee pasión por las manualidades y la pintura.

El arte y las manualidades llegaron temprano y sin avisar a su vida. Desde su niñez quería hacer todos los murales y cuantas tareas creativas asignaran sus maestros; fue así que llegó al fascinante y gratificante mundo de las artes manuales y de la porcelana fría, una técnica que muy pocos practican en el país.

“Me gustaba participar en todo lo que tenía que ver con decoración y arte”, confiesa. “Nunca lo dejé. Siempre estuvo presente en mi vida, tanto que lo llevaba paralelo a mis clases formales”.

TRANSMITIENDO ARTE

Pese a su vocación de artista, Gabriela estudió Derecho, carrera que ejerció durante 11 años en el campo de cobranza y al lado de su esposo. Desde hace dos años dejó su carrera para dedicarse a tiempo completo a la técnica de porcelana fría y para transmitirlo a sus pequeñas alumnas de la Escuelita de Arte, que ha instalado en Alter Eco, en Villa Fontana.

“No me iba mal. Me encantaba trabajar con mi esposo, pero decidí jubilarme del campo del Derecho porque no era mi pasión. Lo que yo tenía en el fondo de mi alma era el arte, eso es lo que realmente me apasiona y más aún poderlo compartir con niñas de diferentes edades, por eso abrí la escuela, y también porque sé que en el país son pocas las alternativas que tienen los niños”.

El tiempo que Gabriela dedica para transmitir sus conocimientos y el amor con que lo hace es algo especial; por eso sus alumnas la adoran y el tiempo se va volando en la escuelita. A diferencia de otras escuelas, las estudiantes no quieren irse a casa, tampoco ella es la tradicional maestra. Para sus alumnas ella es simplemente “Gaby”, la dama que con paciencia y amor les enseña a modelar figuras y decorarlas.

A sus alumnas más grandecitas, Gaby las lleva de la mano hacia la pintura haciendo estudios del brasileño Romero Britto, que entre el cubismo, grafiti y el arte pop le imprimen colorido a las formas.

“Las niñas se vuelven locas de emoción cuando vienen aquí. Todas quieren hacer todos los proyectos. Yo también disfruto porque me encanta enseñar y no sé si es hobby” (ríe).

Gaby explica que ha tenido estudiantes con déficit de atención. No discrimina a nadie, porque de sus alumnos ella también aprende.

“Este tipo de arte favorece la concentración, ayuda a pensar y a crear. A mí me encanta ver que mis niñas disfrutan lo que aprenden, y yo lo hago junto con ellas”, confiesa.

En cada proyecto de la escuela de arte, las alumnas aprenden a manejar y combinar técnicas de pintura, filigrana, fieltro, tela y madera. Un trozo de porcelana fría en las manos de estas niñas se vuelve la herramienta perfecta de creación sin fin, de compartir ideas y hasta de resolver problemas.

PORCELANA FRÍA

El primer encuentro que Gabriela tuvo con las obras de porcelana fría fue en Estados Unidos hace una década. Entró en una tienda y vio unas muñecas lindas y duras que parecían hechas de porcelana. Estas figuras despertaron tal curiosidad que tuvo la idea fija de aprender a hacerlas. De esa manera se dio a la búsqueda e investigación del tema.

Sus investigaciones la llevaron a descubrir que en Nicaragua solo había una persona que trabajaba esa técnica: la colombiana Mirna Palacio.

Posteriormente, Gabriela se especializó en varios países con expertos en el tema. Sus creaciones han sido todo un “boom” en el país. Al inicio solo trabajaba por pedidos exclusivos para regalar en las bodas, bautizos, cumpleaños y hasta para decorar pasteles, pero poco a poco se abrió mercado hasta abastecer exclusivamente uno de los almacenes más grandes del país.

“Abrí mi taller en el garaje de mi casa como un pasatiempo, pero poco a poco se fue conociendo mi trabajo hasta que recibí una propuesta de parte de uno de los almacenes más grandes del país, para que trabajara piezas exclusivas. Mi producto les gustó. Fue una lástima dejarlos, pero estuve viajando mucho y eso me impidió seguir con ellos”.

PIÑATA-ARTE

Gabriela ha creado el nuevo concepto de piñatas-arte, que ya tienes muchas adeptas. En lugar de hacer una monótona piñata, hace arte en las fiestas. “Yo voy a las casas y llevo todo mi equipo, desde mesas, sillas, pinturas y pinceles. El objetivo es hacer una muñeca, una casita, una banca, una bailarina, o lo que deseen las invitadas. Son proyectos pequeños, pero que lo disfrutan increíblemente las niñas”, expresa la artista

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