Treinta y tres años después de la caída de Somoza, en lo único que estoy de acuerdo con el FSLN es que en esa época no había forma de ganarle a Somoza una elección, ya que este se las arreglaba para adjudicárselas todas. En otras palabras el fraude de quien contaba los votos no permitía la mínima posibilidad de que la oposición se alzara con un triunfo electoral, ante esta realidad optaron por la lucha armada con los resultados que ya todos conocemos. Pero resulta que el FSLN de hoy no solo repite los abusos de entonces sino que los ha superado, ya que sus violaciones a nuestras leyes y Constitución son el pan nuestro de cada día.
Esta en realidad vuelve a ser la disyuntiva a la que estamos enfrentados en estas elecciones municipales; hay quienes consideran que tres fraudes electorales consecutivos son suficientes y por lo tanto no vale la pena hacerle el juego al Gobierno ante la inminencia de un cuarto fraude, opinión que respeto. También hay quienes piensan que es necesario darnos una última oportunidad cívica de regresar al cauce de la democracia antes de explorar otras opciones que siempre traen consigo sufrimientos, atropellos y derramamiento de sangre. A esta última se ha apuntado el Partido Liberal Independiente (PLI). Pero para que esta posición pueda tener el respaldo popular necesario, tiene que ser creíble y para ello necesita diferenciarse de ciertos grupúsculos políticos que medran a la sombra del dictador, y que participan en esta elección con la única esperanza de que Ortega por sus intereses ordene el robo de votos para adjudicárselos a ellos. Mi criterio es que solo llevando candidatos cuyas hojas de vida personal y política demuestren su compromiso con la democracia es que podrá el PLI demostrar que sigue siendo el partido que tantos héroes ha dado a la patria. El escepticismo que actualmente muestra la población no va a superarse lanzando epítetos al Gobierno, tales como ladrones de votos, desfalcadores del erario público, corruptos, etcétera, simplemente porque eso el pueblo ya lo sabe. El verdadero reto consiste en generar la confianza suficiente en la población de que en esta ocasión el voto va a ser defendido y que va a ser contado. Además de comprometerse que esta será la última oportunidad que tendrá el régimen de enmendar sus errores y que no existirá ningún 2016 ante un nuevo fraude electoral.
Revisando los estatutos del PLI, me encontré con los artículos número 6 y 7, los que transcribo íntegramente: articulo 6, el PLI actuará de forma cívica y en cumplimiento de sus objetivos promoverá la derogación o reforma de las leyes que fueren lesivas a la soberanía nacional y los derechos esenciales de la persona humana. Artículo 7: en el caso de tiranía y opresión del Gobierno, el PLI reconoce el derecho de rebelión. En pocas palabras, el PLI jamás ha sido prebendario ni puestívoro y su condición de líder de la oposición debería ser suficiente motivo para pensar seriamente sobre la oportunidad que hoy reclaman. El resultado de las elecciones nos dirá si sus autoridades lograron su cometido.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense
y actualmente es miembro del PLI.
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