Con frecuencia se dice que en Nicaragua hay libertad de expresión y de prensa irrestricta. Y como prueba se señala que los medios de comunicación opositores, como LA PRENSA y Radio Corporación, dicen todo lo que quieren sin que sean molestados por eso.
Pero que en Nicaragua se respeta actualmente la libertad de expresión y de prensa es solo una verdad a medias. En primer lugar, para que la libertad de opinión y de información se ejerzan plenamente es necesario que haya amplitud y diversidad de medios de comunicación, a fin de que la gente tenga la posibilidad de conocer diversas versiones de los hechos y distintas opiniones sobre los asuntos de interés público, así como disponer de espacios en los cuales se puedan expresar libremente.
La cantidad de medios de comunicación de Nicaragua se ha reducido desde que Daniel Ortega y el FSLN recuperaron el poder, en el año 2007, y gobiernan de manera autoritaria. Muchos medios desaparecieron por la necesidades económicas y otros fueron concentrados por la familia gobernante y sus allegados, que han construido un verdadero imperio mediático.
Desde que existe el periodismo en Nicaragua, solo durante la dictadura militar sandinista de los años ochenta y ahora que Daniel Ortega ha vuelto a tomar el poder, ha habido en el país tanta concentración de medios de comunicación en manos de los gobernantes y sus afines. Los medios de comunicación independientes son ahora una pequeña minoría y sobreviven de manera precaria, mientras que los medios oficialistas crecen al amparo del poder y sus propietarios y operadores se enriquecen desmesuradamente.
Por otro lado, tampoco es cierto que los medios de comunicación independientes sean opositores, en el sentido de que la oposición es un movimiento y acción política cuyo propósito es sustituir al gobierno. Esa labor de oposición le corresponde a los partidos políticos —que tienen como objetivo esencial la toma del poder para ejecutar sus programas y realizar sus aspiraciones ideológicas—, no a los medios de comunicación social que no tienen interés en el poder ni su objetivo es tomarlo. La misión y responsabilidad de los medios que no son oficialistas, sino independientes, es vigilar y criticar al poder, denunciar la corrupción y los abusos gubernamentales, practicar y defender el derecho a la libertad de expresión y de prensa, el cual es indispensable para que puedan funcionar todas las demás libertades, para que exista la democracia y los derechos humanos sean respetados.
No es por casualidad que los medios de comunicación independientes han tenido dificultades con todos los gobiernos que se han sucedido a lo largo de la historia nacional. Es que su crítica y fiscalización siempre ha molestado a los gobiernos, sean de izquierda o derecha, dictatoriales o democráticos, pues a nadie que está en el poder le gusta que lo critiquen y mucho menos que se denuncien sus ineficiencias y sus abusos.
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