Ana Salgado
Terapeuta sexual y de parejas
Aunque todas las personas tienen distintos niveles de deseo sexual y es normal que ocasionalmente no nazca el deseo de tener relaciones sexuales, en algunas personas esta falta de deseo se vuelve crónica y se convierte en preocupación personal o en un problema para la relación de pareja. Pese a que existe la idea de que solo las mujeres tienen falta de deseo sexual, en realidad es un problema generalizado. Las estadísticas en Nicaragua indican que el 64 por ciento de las mujeres y el 46 por ciento de los hombres reportan falta de interés en el sexo.
La sexualidad es una energía que viaja por nuestro cuerpo y tiene varias expresiones: las fantasías eróticas, el deseo sexual, el coqueteo, el cortejo, el sexo en sí, las caricias, la capacidad orgásmica, etc. A pesar de que a nivel físico la sexualidad es una necesidad muy poderosa, a veces esta energía deja de fluir como debería y se deja de percibir el deseo sexual. Esto puede ser causado por eventos recientes o puede tratarse de eventos traumáticos del pasado. Estos eventos pueden ser obvios (abuso, violencia, sentimientos de humillación, vivencias negativas con respecto al sexo, problemas en la relación de pareja) o menos obvios, pero vividos igualmente como traumáticos por la persona.
En otras ocasiones, el deseo se va perdiendo porque se empieza a percibir el sexo no como una actividad placentera, sino como una experiencia emocional o física desagradable (el sexo doloroso, forzado, que termina en frustración o pleito). Para poder resolver el problema, se tiene que identificar lo que está causando y/o manteniendo el problema y darle solución. Esto requiere generalmente de un proceso personal acompañado de un psicólogo. Mientras antes se atienda el problema, mejor el pronóstico para la persona y para la pareja, ya que la falta de deseo tiende a ponerse peor con el tiempo.
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