Me llamó mucho la atención el escrito de nuestro principal filósofo, doctor Alejandro Serrano Caldera, respecto a la “necesaria formulación de un proyecto de país sobre la base de una concertación con la participación de la ciudadanía en la construcción de políticas públicas y sociales eso nos permitiría abocarnos a un debate racional y consciente mediante el cual se puedan diseñar acciones y alcanzar acuerdos que nos permitan construir una sociedad más justa y libre y hacer de la política un ejercicio de todos en busca del bien común”.
Definitivamente los muchos estudios del doctor Serrano le han dado una brillante idea de cómo construir una sociedad muy cercana a la perfección Me imagino lo maravilloso que sería si todos los nicaragüenses tuviésemos un consenso sobre la manera de conducir el país que sea la más provechosa para la mayoría y que todos vivamos felices si tan solo pudiéramos ponernos todos de acuerdo.
No soy filósofo, solo un simple mortal en búsqueda de la felicidad, pero creo que el Estado no se fundamenta en el consenso de los ciudadanos, sino en un contrato social (conjunto de leyes, con la Constitución como reguladora suprema) que todos los ciudadanos, sin excepciones, están obligados a cumplir bajo pena de sufrir la represión de los órganos coercitivos del Estado. Así progresa y se desarrolla un país modelo, pero cuando una persona o grupo toma control del Estado a través del chantaje y la compra de conciencias, la Ley se convierte en papel mojado y el Estado falla. Esto ocurrió con Zelaya, que cambió tres veces la Constitución para estar 17 años en el poder; con los tres Somoza, cambiando seis veces la Constitución para estar 43 años en el poder; con el gobierno sandinista de los ochenta, gobernando por decretos (todo era posible) para que Daniel Ortega estuviera diez años en el poder hasta llegar a la Constitución de 1987, con las reformas de 1995 y los 16 años que tiene nuestra Constitución actual y que ya no sirve para nada porque no se cumple, porque Ortega puede hacerlo, igual que pudo Zelaya y los Somoza. Para dar un ejemplo de cómo deben cumplirse las leyes, vemos cómo los Estados Unidos tienen la misma Constitución desde hace 234 años, con apenas 27 enmiendas y por eso son lo que son, porque la Ley está por encima de cualquier persona.
En Nicaragua no existe tradición de apego a la Ley, sino de adaptar las leyes a los intereses de los gobernantes de turno porque la casi totalidad de nicaragüenses en posiciones de poder han demostrado ser vendepatria que venden sus conciencias al mejor postor y la casi totalidad de los gobernados, (con honrosas excepciones como Sandino, Rigoberto López y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal), no hemos tenido la vergüenza de defender la Ley, quizás porque no hemos tenido la visión de que de eso depende el progreso y desarrollo de nuestro desgraciado país.
Creo que solo nos queda clamar a Dios por una generación de patriotas que hagan realidad la estrofa de nuestro Himno Nacional “ y el honor es tu enseña triunfal”.
El autor es Cirujano General
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