Raúl Benoit

Gobernantes soberbios y autoritarios

No se trata de enfermedades contagiosas, ni de complots, es simple y llanamente defectos humanos: arrogancia, codicia y ambición por el poder.

Para lograrlo, deslumbran al pueblo con charlatanerías, fingiendo ser mecenas, pero tienen un plan encubierto: construir un país autocrático y repartir las riquezas del Estado entre familiares y amigos cercanos.

Encabezan la lista los izquierdistas Daniel Ortega en Nicaragua y Hugo Chávez en Venezuela. Entre los derechistas pasó dejando una huella aciaga, y quiere regresar, Álvaro Uribe Vélez en Colombia y ahora se destapa un personaje que demuestra su apetito voraz por el poder en Panamá: Ricardo Martinelli.

Martinelli es un magnate que atrajo al pueblo con una arenga cautivadora; la gente pensó, con ingenuidad, que como era rico no abusaría, pero hoy día es visto como el segundo hombre más peligroso para la democracia y la libertad en Centroamérica, después de Ortega.

Martinelli nombró en puestos claves del gobierno a personas cercanas a él y a veteranos trabajadores de sus empresas.

Como alfiles escogió a dos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, incluyendo al presidente, Alejandro Moncada, su exsecretario de seguridad, quien es visto por algunos como un personaje siniestro, ferviente seguidor de Manuel Antonio Noriega en los tiempos sangrientos de esa dictadura. A pesar de su pasado oscuro, lidera proyectos nocivos para la democracia panameña, según los opositores con un propósito evidente: la reelección.

Pretende resucitar lo que se conoce como la quinta sala, la cual, en 1999, fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia. El presidente tendría el poder de nominar a tres magistrados que resuelven asuntos constitucionales, dentro de los cuales está la prohibición de la reelección consecutiva.

Sin lugar a dudas, a través de las leyes y del uso malicioso de los vericuetos legislativos, Martinelli, como los otros aspirantes a dictadorcitos, teje la red para atornillarse en el poder. Pero ha sido desenmascarado por la oposición unida, alianza que no se veía desde Noriega.

Por otra parte, un proyecto de ley que Martinelli presentó a la Asamblea Nacional, en el cual se propone vender las acciones del Estado en las empresas mixtas, fue ampliamente rechazado, generando violencia cuando la gente salió a las calles a protestar. El Gobierno, para calmar al pueblo, suspendió sesiones extraordinarias, virtualmente retirando el plan y convocó a “Concertación Nacional”, un foro de expertos de varios sectores del país.

Los que le temen a Martinelli creen que volverá a arremeter con fuerza. Dicen que es vengativo. Ha intimidado a los medios de comunicación que lo denuncian, por ejemplo, le envió inspectores fiscales al diario La Prensa. Por otra parte, el segundo periódico, Panamá América, fue comprado por gente cercana a él y ahora es oficialista. Periodistas extranjeros fueron expulsados o se les ha impedido entrar a Panamá.

Martinelli no oculta ser ambicioso y desmedido. Bien saben él y sus secuaces que tienen en sus manos un botín (un país con excelente crecimiento económico; el año pasado fue del 10%, el más alto de Latinoamérica) y no lo quieren dejar escapar, pero los panameños siempre muestran ser coherentes e inteligentes y no permitirán que los buitres roben y socaven la institucionalidad y la democracia de la nación.

El autor es periodista colombiano.

COMENTARIOS

  1. Leonel A. Marin Mc Ewan
    Hace 14 años

    Todos los extremos son malo. En mi opinion los gobiernos de derecha trae mucha inversion y empleo. Mientras que los de la izquierda, mucha pobreza. hambre y destruccion. Populismo, no. Democracia, si.

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