A muy pocos días para que el Gobierno de los Estados Unidos decida si concede o no el segundo waiver o dispensa de un año a la aplicación de disposición legal que prohíbe su apoyo, en el otorgamiento de préstamos por parte de Instituciones Financieras Internacionales a solicitudes presentadas por el Gobierno de Nicaragua; contrario a muchos que piensan que se nos viene una catástrofe, yo me siento optimista.
En primer lugar, la administración norteamericana ya cumplió su compromiso con el ala dura de congresistas norteamericanos que le pedían ponerle presión al gobierno de Ortega al suspender la ayuda bilateral.
En segundo lugar, a cuatro meses de la elección presidencial norteamericana, en donde al día de hoy las encuestas nos señalan un empate técnico entre el presidente Obama y su principal contrincante en el ala demócrata, el señor Mitt Romney, de Massachusetts, no habiéndose iniciado todavía oficialmente la campaña. No veo por qué la Administración norteamericana va a abrir en Nicaragua un nuevo frente de guerra alrededor de un tema que en los Estados Unidos actualmente no tienen ningún peso como es el caso de Nicaragua.
La suspensión del segundo waiver repercutiría en el Tratado de Libre Comercio que Nicaragua tiene suscrito con los Estados Unidos y podría ser muy negativo para los 120 mil puestos de trabajo que significa las Zonas Francas, y el 40 por ciento de las exportaciones de Nicaragua como nación.
El no otorgar el segundo waiver al Gobierno nicaragüense, significaría una virtual declaratoria de abierta hostilidad y clara confrontación de la Administración Obama en el momento en que dicha Administración necesita centrar toda su atención al mejoramiento de su economía y demostrarle al pueblo norteamericano que su presidente sigue siendo el indiscutible líder de la comunidad democrática.
Por último: La Procuraduría General de la República, encabezada por el doctor Hernán Estrada Santamaría, quien en el fondo es un hábil diplomático, ha venido efectuando una labor muy positiva, pagando una serie de reclamos, a ciudadanos norteamericanos, y ha logrado crear un clima de armonía y colaboración con los funcionarios de la Embajada Norteamericana en Managua, que abona para que el waiver sea concedido nuevamente.
El problema del waiver según como lo veo, no es este año. El problema se le podría presentar al gobierno de Ortega, si se da una victoria republicana ya que el hábil lobby cubano americano teniendo plena conciencia de que el Estado de la Florida es clave en la próxima elección, ha condicionado su apoyo al candidato demócrata a cambio de que sean ellos los que nominen al próximo subsecretario para asuntos latinoamericanos, de una terna que le presentarán en su momento oportuno, con la clara intención de poder incidir directamente en la transición que Cuba tendrá en ese período.
En cuanto a la suspensión de la ayuda bilateral, no creo que el gobierno de Ortega cometa el gravísimo error de expulsar a la AID, ni tampoco veo que el Ejército y la Policía dejen de percibir la ayuda que para combatir el narcotráfico, se le ha prometido. En cuanto a la ayuda a las pyme y a programas que inciden directamente en el desarrollo económico, ya se encontrará la fórmula para que continúen recibiendo ese soporte.
Queda la sociedad civil, y sus agrupaciones, ahí, el Gobierno podrá pasar algunas cuentas a sus viejos aliados del MRS, que son los que tienen la mayoría de dichas organizaciones, vienen los años de las vacas flacas para ellos.
El autor es abogado
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