Marvin Saballos Ramírez

Padres campesinos cumplidores

“En las tardecitas, cuando mi marido llega de su trabajo en el campo, se pone a comer con los niños y les mira las tareas de la escuela”. Esta no es una frase de un manual sobre paternidad responsable, ni dicha en otro país, sino una expresión espontánea de Claudia Centeno, joven madre campesina de la comunidad rural de Betesda, en el municipio de Posoltega, la zona del volcán Casita que sufrió el cruento desastre del huracán Mitch.

Claudia, junto con otras seis madres, forma parte de un grupo de mujeres que atienden una olla comunitaria de recuperación nutricional, brindando alimentos a niños con algún grado de desnutrición.

Observando que solamente señoras participaban en la tarea, comenté que solo miraba madres, esperando anticipadamente que en una comunidad campesina me dijeran que son las mujeres las encargadas de cocinar y cuidar a los niños. Me sorprendió gratamente la respuesta de Claudia testimoniando que su marido participaba en las tareas del hogar y la crianza de los niños, y más aún que las otras madres presentes dijeron que sus maridos también así lo hacían. “Ellos salen a trabajar para proveer al hogar, pero cuando regresan miran a los niños y ayudan en casa”.

Algunos, podrán decir que no es más que la repetición del modelo tradicional de padre proveedor y madre atada al hogar, pero ya que no es el tema de este artículo discutir los roles de género y su pertinencia, sino el reconocimiento a la paternidad responsable, debo decir que me parece que en el cumplimiento de su rol de padres, los hombres de esta comunidad rural están dando una lección y un buen ejemplo, según testimonio de sus propias mujeres, quienes además son muy activas en tareas de desarrollo comunitario.

Indagando un poco más, me explicaban que los hombres salían a trabajar en labores ganaderas y agrícolas que demandaban estar fuera de casa todo el día, razón por la cual ellas tenían que quedar al cuido del hogar y los hijos, que también realizaban labores productivas criando gallinas, cerdos y pequeños huertos con lo que aportaban al hogar y que los hombres ayudaban en la casa.

Estas comunidades parecen ser integradas y organizadas, y aunque sus habitantes son lugareños de antigua data, parecen tener un renovado sentido de espíritu de lucha y reconstrucción, tanto personal como comunitaria, desde que sufrieron graves pérdidas materiales y familiares a consecuencia del desastre natural del deslave del volcán Casita, durante las lluvias del huracán Mitch.

Las señoras referían que hombres y mujeres de la comunidad han participado en programas educativos y de desarrollo comunal, tanto de instituciones de Gobierno como de la sociedad civil. En mi caso, visité la zona como parte de una gira de campo en calidad de miembro voluntario del Consejo Consultivo de Visión Mundial, organismo con programas de ayuda a los niños.

Y esto parece ser la clave para la formación de familias integradas y padres responsables: educación sobre valores y responsabilidades personales, educación para la vida en familia, educación para la vida en comunidad, capacitación y recursos para el trabajo productivo. “Aquí la tierra es fértil y no tenemos por qué pasar hambre”, me dijeron las madres. “Todos en la comunidad hemos aprendido a mejorar nuestros cultivos y crianzas tradicionales, así como otros nuevos”.

Don Juan, padre de familia que trabaja su parcela y apoya un huerto escolar de El Tololar, otro asentamiento, me decía que él se sentía orgulloso de su trabajo y de su casa.

Hombres trabajadores, padres responsables. Gracias por el ejemplo.

¡Feliz Día del Padre nicaragüense! El autor es Psicólogo Social.

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