Julio Portocarrero Arancibia
Imaginate que estamos en 1980 y es el mes de marzo. El clima caluroso es insoportable y lo es más en Managua, en donde una multitud de chavalos de algunos colegios arman sus mochilas y se despiden de sus papás.
Pero estos no se preparan para ir a una playa, sino que van a participar en el acontecimiento más importante en la historia de la educación de Nicaragua: la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA).
Este hecho histórico, sumado al régimen dictatorial de los Somoza, la guerra civil de los ochenta, los acuerdos de paz durante el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro y el inicio de la democracia electoral, constituyen el pasado reciente de Nicaragua, el cual se desarrolló con el involucramiento activo de los jóvenes.
“Estos tuvieron un papel sobresaliente en la caída de la dictadura somocista, posteriormente en la CNA, y en distintas tareas relacionadas con la revolución: corte de café y de algodón y el trabajo político, pero esto se ubica dentro de la cara positiva de la participación de los jóvenes”, explica Juan Pablo Gómez, profesor adjunto e investigador del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca) de la Universidad Centroamericana (UCA).
Agrega que “también está la dimensión oscura que se refiere a la participación de ellos en la guerra”.
“LOS HIJOS DE LA PAZ”
De esta generación que formó parte en la construcción de la historia de Nicaragua nacieron “Los hijos de la paz”, chavalos que conocieron el mundo cuando la bandera de la paz ya se había izado bajo el cielo de nuestra tierra, los cuales por construcción social han conocido ese pasado, o por la memoria que otros le han transmitido de cómo se vivió.
“En este sentido hay una gran polaridad, pues por un lado los jóvenes piensan que ese pasado no les pertenece, no les hace sentido para sus vidas diarias, pero también está la cara de los jóvenes que chocan con ello y de alguna manera se dan cuenta que ese pasado sí los toca, no solamente por medio de la experiencia de sus padres y su familia, sino reconociendo que es la experiencia que ellos están llamados a no repetir ”, comenta el profesor.
¡ASÍ LO RECUERDO YO!
Elieth Castillo Gutiérrez, estudia psicología en la UCA, comenta cómo ella conoció el pasado reciente de Nicaragua por medio de la experiencia de su papá en las filas del Ejército de Nicaragua.
“Él me ha comentado todo el movimiento clandestino que había en el país, la preparación que se le daba a la gente y cómo afectó psicológicamente a las personas”, expresa Castillo, quien a raíz de lo que su padre le ha comentado, contempla a Nicaragua como un país que ha luchado y se ha enfrentado a demasiadas situaciones.
LA CONSTRUCCIÓN DE NUESTRA HISTORIA
“Yo creo que los jóvenes sí están reaccionando de múltiples maneras, pues no deben esperar a que se forme un gran movimiento nacional de las juventudes en búsqueda de dialogar en torno al pasado, pues hay maneras de reaccionar que probablemente estén funcionando a nivel individual o familiar”, afirma el investigador.
En este sentido “Los hijos de la paz” hoy forman parte de la construcción de nuestra historia por medio del arte, la música y la escritura, pues según el profesor Gómez, hay jóvenes que ven ese pasado desde el arte.
Hay otros que intentan adquirir una actitud crítica para construir un relato propio y diferente y se comprometen en la construcción de nuestra historia por medio de su participación en trabajo social y políticas de cambios.
“Los hijos de la paz” a semejanza de las generaciones pasadas estamos construyendo nuestro capítulo de la historia por medio de las distintas plataformas, que incluso nos ofrece la tecnología y somos conscientes ni deudores de la historia de nuestros padres y abuelos, sino los reconstructores de un nuevo sentido de ese pasado reciente, el cual lo debemos ver para manejar el presente y futuro.
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