Una vez Caperucita Roja fue a visitar a su abuelita sin saber que a su abuelita se la había comido el lobo, entra a la casa y dice:
—“Abuelita, que ojos tan grandes tú tienes”.
Y la abuelita dice:
—“Es para verte mejor”.
Nuevamente, Caperucita mira a su abuelita y dice:
— “Abuelita, qué orejas tan grandes tú tienes”.
Y la abuelita dice:
— “Es para escucharte mejor”.
Caperucita vuelve a insistir:
— “Abuelita, qué nariz tan grande tú tienes”.
Y la abuelita le dice:
— “Es para olerte mejor”.
— “Abuelita qué boca tan grande tú tienes”.
Y la abuelita contesta ya cansada de sus preguntas:
— “¿A qué viniste, a visitarme o a criticarme?”
—Había una vez…
—Pero ya no hay.
En su viaje a Nueva York, Manolo compró una televisión para llevárselo a su familia.
—“¿Es que no hay televisores en su país?”. Preguntó alguien.
—“Claro que los hay, pero los programas de aquí me gustan mucho más”.
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