Los nicaragüenses tenemos que encontrar el camino de la paz. Por supuesto que decirlo es fácil si contrastamos el deseo contra nuestra propia historia. Desde hace muchísimas décadas hemos sido protagonistas de gestas libertarias que inmediatamente se encadenaron a sistemas de opresión y así una y otra vez hemos andado de crisis en crisis.
La venganza, sangre, autoritarismo, corrupción, envidia y el abuso de poder son entre otros ingredientes letales, que cada cierto tiempo nos conducen a la misma guerra que siempre ha derrotado a esa Nicaragua, que tras el humo de sus cañones ha dejado sobre su suelo cadáveres insepultos que terminan glorificados y finalmente traicionados.
Los que hemos sido culpables de estos ciclos dantescos siempre terminamos advirtiendo que, por la acción de aquellos contra los otros, la solución inmediata es la guerra si las cosas no se hacen de la forma que yo quiero que se haga y actualmente no son pocos los que sin conocer el espanto que representa la invocan para chapalear sobre un pantano que ciertamente está infectado de nuestras incapacidades y mediocridades, pero que no justifican insinuar que hablemos el lenguaje de los fusiles.
Nicaragua ya no tiene espacio para la guerra. Desde nuestra independencia hasta nuestros días hemos tenido conflictos armados de todos los colores y tamaños y nunca fueron solución y menos ahora que el país requiere un mínimo de tolerancia y estabilidad para mantener la actual proyección económica, pues un desliz en ese sentido y nos hundimos por completo orteguistas, liberales y los arco iris que abundan en nuestra fauna política.
Que Ortega atropelló la Constitución y resultó presidente por efecto de un fraude, es cierto, pero los que lo acusan nada tienen que reclamarle, porque lo han legitimado en todo y la división que aún mantienen hacen fuerte al FSLN y en consecuencia ninguna autoridad moral sustentan para demandar la democracia que exigen, pues han sido incapaces de escuchar, lo que desde antes de las elecciones del 2006 la población les viene diciendo: únanse.
El camino a la paz se encuentra platicando, pero platicando todos. Aquí hay quienes llamándose “oposición” aspiran a fumar la pipa de la paz con el Gobierno, pero lo correcto es que, independientemente de las proporciones que digan tener, los llamados “demócratas” se encuentren entre ellos mismos para que los partidos políticos y la sociedad civil se sumen al esfuerzo de la empresa privada, que hasta ahora es la única que está logrando incidir en las políticas públicas del actual Gobierno.
Solo con madurez e inteligencia la “oposición” podrá recuperar la confianza en sus electores. Ese odio visceral entre las facciones liberales hartó al nicaragüense que se cansó, se acomodó o simplemente se fue al otro lado, porque ha sido conquistado por los programas sociales del Gobierno, que con todos sus errores, propone soluciones todos los días sin mencionar o atacar a adversarios que no hacen ni cosquillas.
La “oposición o los demócratas” deben encontrar la paz y capitular su guerra. Deben de buscar lo más rápidamente posible una puerta por la cual dejen entrar las convergencias para tal vez tener algún espacio en las preferencias de un pueblo, que está más preocupado por el trabajo y la comida que por las propuestas de “libertad” que repiten los que con sus actitudes se esclavizan a sí mismos. El autor es periodista.
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