Danilo Arbilla

Hay que remar

París. “Europa podrá salir de la crisis cuando empiece a llamar las cosas por su nombre”, me dijo hace unos días un banquero italiano, quien me puso pena de divulgar su nombre. “Hoy somos los responsables de todo y los mayores delincuentes y no debemos hablar”. “Pero fíjese; se contrapone equilibrio fiscal, a lo que se descalifica como recortes, apriete o otras disquisiciones populistas y demagógicas, con crecimiento. Como si pudiera haber crecimiento con despilfarro, que fue lo que produjo la crisis de hoy”. “Ahora dicen que Francia dio un giro a la izquierda, todo es un continuo autoengaño”.

En gran medida tiene razón. En las primarias francesas, entre Sarkozy, la derechista Marine Le Pen y el centrista Francois Bayrou, lograron el favor de más del 54 por ciento del electorado y en la segunda vuelta Francois Hollande le gana a Sarkozy con el 51.63 por ciento, con una diferencia de menos de 4 puntos, para lo cual contó con el voto de Bayrou y el notorio interés de Le Pen y sus electores de que el presidente “desapareciera” del mapa político. Es apresurado, entonces, hablar de vuelco a la izquierda. Los franceses votaron en contra de la reelección, un poco hastiados del estilo “Sarko”, y endulzados por una difusa propuesta del candidato socialista que hablaba de crecimiento por sobre la austeridad, o no solo de austeridad. Y da la sensación que los franceses lo hicieron más como una expresión de deseos —es lo que dicen los números— y no como unos sueños locos, que es lo que delatan los resultados de las elecciones griegas, celebradas en la misma fechas.

Y es natural que la gente sueñe y aspire a no perder lo conquistado o mantener o en su caso recuperar su bienestar con el menor sacrificio. Pero eso no siempre es posible y menos cuando hay crisis. La primera tarea de los dirigentes políticos y de los gobernantes debería ser decírselo. Ser sinceros, tanto desde el Gobierno como desde la oposición, y no generar nuevas y falsas expectativas.

Son muchos, demasiados, los que mienten, los demagogos y los irresponsables. Pero no son pocos los que simplemente no saben o no están capacitados y el problema los supera cuando no pueden hacer funcionar la maquinita de hacer dinero. En la zona euro esa chance no existe.

Uno puede movilizarse de diferentes maneras en un bote. Una es con un motor fuera de borda, para lo cual hay que tener ahorros, capital propio o ingresos provenientes de algún lado para el motor y el combustible. Pero no siempre hay capital ni crédito ni prestamos ni inversores. Otra opción en ponerle una vela y que sople viento a favor, porque para que navegue tiene que haber brisa, viento. No funciona un bote a vela poniendo un ventilador en el asiento de popa apuntando a la vela, que esto es lo que creen muchos políticos y se lo hacen creer a mucha gente. Así sería muy fácil navegar, pero no funciona. La fórmula que nunca falla es la de ponerse a remar. Y a remar todos; exige esfuerzo, pero cuantos más reman, el esfuerzo en definitiva es menor, más rápido se llega adónde se quiere ir y además es más fácil identificar a los que no reman y así sacárselos de encima y echarlos al agua de una vez por todas.

El autor es periodista uruguayo, director del semanario Búsqueda.

COMENTARIOS

  1. Denso
    Hace 14 años

    Muy buen articulo DonDanilo;aunque aca en paisito,Nicaragua ya ni bote tenemos para usar los remos;los lagartos orteguistas y sus secuaces se han apoderado de todo

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