Elba Cristina Parrales
Las diferencias entre suegras y nueras parece una historia sin fin. Aunque no es necesario que sean íntimas amigas, se puede lograr una relación de entendimiento, respeto y aprecio
Ana y Francisco (nombres ficticios) son una joven pareja que desde hace un año decidieron vivir juntos. Mientras terminan de construir su casa, Francisco le propuso a Ana vivir en la casa de su madre, que gustosa accedió a ayudar a los tortolitos.
En los primeros meses que vivieron juntos, Ana notó ciertos comportamientos de su suegra, que si bien no estuvo de acuerdo, decidió no meterse en la relación de madre e hijo.
Comentarios como: “Ella no lo atiende”, “es una inexperta”, “no sirve en la cocina”, “no plancha bien la ropa”, “sale mucho con sus amigas”… fueron incrementándose con el paso del tiempo.
La psicóloga Karla Pastrán afirma que la “guerra” entre suegras y nueras pareciera algo normal en algunas familias. “La relación con la familia política de tu pareja parece ser uno de los desafíos más grandes”, reafirma.
Según la especialista, este tipo de problemas suele darse porque la madre tiene cierta postura de no dejar crecer a su hijo y lo trata como si aún estuviera bajo su dominio.
El problema se incrementa cuando la salud emocional y espiritual de la familia se ve afectada y cuando el hijo/ esposo se ve contra la pared y siente como si tuviera que elegir entre una de las dos.
El psicólogo Róger Montalván sugiere que aunque no es necesario ser íntima amiga de la suegra, sí es preciso crear un ambiente tranquilo. Para eso, es preciso que la nuera no caiga en provocaciones y que le conteste firme, pero respetuosamente. De esta manera, la suegra dejará de sentir que tiene el control de la nueva familia de su hijo.
“Un buen consejo que puedo dar es que aunque la nuera no esté de acuerdo con la crítica de la suegra, puede agradecerle su opinión y dejar en claro que cuando ella necesite un consejo se lo pedirá”, sugiere Montalván.
Cuando hay nietos de por medio puede haber conflictos también, por el hecho de que la suegra no solo mima, también critica la forma en que es educado.
Montalván aconseja hablar con la suegra en un lugar tranquilo, si es posible fuera de casa y comunicarle de forma positiva que la educación de sus hijos y la forma de vivir se hará a través de mutuo acuerdo de la pareja y de nadie más.
Pastrán argumenta que en este tipo de problemas cotidianos, la nuera es quien tiene que llenarse de paciencia más que la suegra, puesto que ella es una mujer adulta y difícilmente cambiará su forma de ser. Pero también aconseja que ambas deben buscar el bienestar familiar y evitar conflictos.
“Tenga una plática con su suegra y dele la posibilidad de explicarse. Puede llegar a sorprenderse de las razones por las que ella dijo o hizo lo que hizo”, sostiene Pastrán.
Los especialistas recomiendan que las nueras acepten que el hecho de que las suegras sean posesivas es parte natural de cada madre. “Por instinto las madres sienten que su trabajo es vigilar y cuidar a su hijo”, afirma Pastrán, por ello se recomienda que el hijo también establezca un límite en la relación.
“Un problema recurrente es que las nueras se comparen con sus suegras. Hay que entender que ninguna de las dos debe tener control ni ser quien termine de criar al hombre, pues esa no es tarea de una esposa”, aclara Montalván.
Cuanto antes establezca esto como un fundamento para su matrimonio, más rápido se resolverán las diferencias.
La comprensión es esencial en todo tipo de relación, puede que el hecho de que la suegra se entrometa en los asuntos de pareja de su hijo vayan más allá de querer seguir cuidándolo y protegiéndolo; puede que esté pasando por un momento difícil o que simplemente esté necesitando algún tipo de atención.
Lo importante es tener en mente que la estabilidad emocional de la familia es lo primero.
Mientras tanto, Ana lo único que espera es que la relación con su suegra mejore cuando viva en su casa propia.
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