Es una lástima que las bellísimas playas de nuestros mares y lagos no se pueden limpiar después de la Semana Santa por medio de un decreto, como el que recientemente se emitiera para prohibir el peaje que las alcaldías de los diversos municipios costeros venían cobrando desde hace años, para contratar personal extra con el fin de limpiarlas luego de la avalancha de Semana Santa y la temporada de fin de año.
Dejando al margen la ilegalidad del decreto que invade las facultades de la autonomía municipal, el decreto presidencial previo a la Semana Santa dejó “manos arriba” a todos los municipios costeros que reciben en una semana miles de visitantes, muy pocos de los cuales se llevan a sus casas o depositan en su lugar la basura que producen y es así que las playas se llenaron de latas, plásticos y otros desechos.
Cobrar no es nada popular, pero un alcalde responsable sabe que al menos que el decreto conlleve un “subsidio” para recolectar la basura durante la temporada alta, tendrá que cobrar para pagar cuadrillas ecológicas que han hecho una gran labor en años anteriores.
Si en Nicaragua todo el mundo tuviera la conciencia ecológica de ver a la playa como el jardín de su casa, donde no botan basura, entonces la medida del Gobierno tuviera sentido, pero mientras a través de la educación no se induce desde niños esa regla básica de respetar lo que es publico a como uno valora lo que es privado, alguien tendrá que pagar el costo, ¿y quién mejor que los mismos que producen la basura?
Aunque claro está, habrán algunos que pagarán justos por pecadores, al menos que los gobiernos municipales contraten a miles de miles de “policías ecológicos” en todas las playas del país que se encarguen de aplicar las cientos de resoluciones municipales y leyes existentes que castigan con multas la contaminación ambiental.
Con la excepción de la delincuencia, si hay un factor que más ahuyenta el turismo es la basura. Si Nicaragua quiere ser un destino turístico a nivel mundial, debe ser un destino turístico limpio, a como lo son todos los destinos turísticos de primera clase.
Gracias a la meritoria labor de la Policía Nacional, el saldo rojo de la delincuencia y los accidentes de tránsito que año con año enlutan al país en esta época se redujo considerablemente. Pero el saldo rojo en materia ambiental se disparó en parte debido a un decreto populista que no midió las consecuencias y que seguramente fue inconsulto con los gobiernos municipales, cuya autonomía de hecho atropelló.
Ojalá que para el año que viene ya habremos avanzado tanto en materia de decretos, que la basura se pueda limpiar con un solo decreto, sería formidable. De lo contrario, tendremos que buscar quién paga el costo para que nuestras playas permanezcan limpias antes y después de la Semana Santa y las vacaciones de fin de año.
La otra alternativa que no es popular es cobrar y mientras tanto, educar, una campaña educativa nacional y municipal que haga innecesario el decreto o el cobro en las temporadas pico.
El autor es diputado de la BDN y Presidente de la Comisión de Turismo.
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