La sentencia dictada por el administrador de justicia en Somoto, Erick Laguna Averruz, contra los cuatro responsables de la matanza en El Carrizo, jurisdicción de San José de Cusmapa, departamento de Madriz, significa una clara e hiriente burla a la justicia. Y alienta la venganza que pudiere darse marcando connotados espacios de arbitrariedad que francamente ponen en entredicho lo que debería ser la transparencia de la ley y de la justicia en sus explicables mandatos.
Si bien es cierto que en este país la justicia ha sido sujeta y víctima de múltiples aberraciones, esta situación se muestra hoy en día más descarada por culpa de quienes la “imparten”. Y por consiguiente ya no se tiene confianza en la justicia.
¿Cómo pueden tipificar de “homicidio” un hecho delictivo que posee todos los aspectos de asesinato, por las características que presentaban los cuerpos de las víctimas? Aun habiendo sido homicidio, contradiciendo en este caso las estipulaciones contenidas en el Código Penal vigente, las penas carcelarias como lo ha dejado establecido para la historia el fiscal electoral Armando Juárez, tendrían que haber sido de diez a 15 años, y no venir a darle semejante puñalada a la justicia dejando caer una pena que no es la correcta.
Desde el principio del proceso incoado contra los autores materiales del múltiple asesinato, se pudieron apreciar los empeños del funcionario judicial al que le tocó conocer del caso.
Es decir que entró en juego la parcialidad para favorecer a los acusados y desembocar la sentencia en una situación censurable que abre más las heridas que llevan en sus acongojados espíritus los atribulados familiares de los occisos, que no salen del asombro por la negación de justicia que han encontrado sus demandas.
Frente al escarnio de tantas injusticias las voces de protesta se ahogan en dolor. ¿Es la justicia imperfecta de los hombres la que vuelve irresponsable a los tribunales comunes?
¿O, acaso la conciencia de los humanos ha dejado de ser conciencia para volvernos insensibles a la angustia de quienes extrañan, y lloran la pérdida de sus seres queridos?
¿Por qué en esta sociedad y en este país nos seguimos deshumanizando y cada día nos aferramos a la práctica de todo género de injusticias como si esa fuera la “enseñanza” que recibimos de nuestros antepasados?
A como se maneja la “justicia” en esta Nicaragua irredenta, por culpa de quienes no la saben administrar, no sería del todo extraño que el día de mañana los culpables de este asesinato aparezcan libres circulando por las calles y poniendo en peligro a la población.
El asesinato en El Carrizo no puede ni debe quedar impune a la espera de que se pueda cometer otro igual.
Y ante el cataclismo que sacude de espanto las entrañas de la justicia basta evocar a Darío, el magnífico, para decir con él: “Cristo va por las calles flaco y enclenque; Barrabás tiene charreteras, y esclavos, y en las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque, se han visto engalanadas a las panteras”. El autor es periodista de Somoto
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