Fabio Gadea Mantilla
Querida Nicaragua: Desde que era niño estoy escuchando el cuento del canal interoceánico. Este ha sido un sueño vano de todos los mandamases que ha tenido nuestro país. Desde don Manuel Antonio de la Cerda en mil ochocientos veintitantos, todos nos han contado el cuento del canal. Emiliano Chamorro hasta firmó el vergonzoso Tratado Chamorro Bryan, concesión a los EE. UU. por noventa y nueve años prorrogables, para construir el canal. .
Unos hablan de canal seco, un ferrocarril que tampoco ha sido posible. Un ferrocarril entre el Pacífico y el Atlántico sería una obra formidable para incorporar definitivamente la Costa Atlántica con el Pacífico.
Según los entendidos, gente con o iniones neutrales que no tienen particulares intereses en el asunto, la ruta indicada para un canal interoceánico fue la del río San Juan. Y digo fue, porque hoy en día es poco menos que imposible. Se necesitaría dragar todo el río, echar a perder todo el ambiente, ponerse de acuerdo con Costa Rica que protestaría inmediatamente buscando su interés particular.
En el siglo diecinueve, mil ochocientos cincuenta, el Comodoro Vanderbilt aprovechó el paso por el río, el lago de Granada y el istmo de Rivas para transportar a los buscadores de oro en California, pero eran barcazas pequeñas, no los enormes barcos de hoy en día. De modo que según estos expertos, la ruta por el río San Juan está totalmente descartada.
Los otros proyectos, me dijeron, no son más que sueños de opio, o instrumentos de propaganda, cortinas de humo que lanzan los gobiernos dictatoriales cuando tienen situaciones graves y quieren distraer al pueblo.
Alguien me dijo: estos proyectos cuestan miles de millones que no tenemos y, por lo tanto, requieren de potencias extranjeras que vengan a ser socios nuestros. Además requieren estudios y ejecución que tardarían varios años y, como aquí no tenemos estabilidad política que permita tener un programa de nación a largo plazo, es poco menos que imposible el sueño del canal.
El inconstitucional Ortega quiere un canal siempre que él sea presidente de Nicaragua. Este proyecto solo pueden realizarlo una serie de presidentes honestos, democráticos, patrióticos, sin intereses económicos personales. Mentira que un dictador de cinco o diez años en el poder va a realizar un proyecto de esta naturaleza, y si lo intenta seguramente querrá participar ampliamente en las ganancias que produzca.
Y eso no debe ser así. Un canal interoceánico debe ser un proyecto nacional, del Estado nicaragüense, administrado, al principio, por expertos tanto extranjeros como nicaragüenses, tal como fue en Panamá. Hoy en día el Canal de Panamá es manejado totalmente por panameños. Pero sobre todo es una institución nacional, donde el Estado o sea el pueblo panameño recibe todo el usufructo del canal. Ahí no hay manos privadas ni filtraciones macabras, ni intereses particulares.
Y estando las cosas como están aquí, lo primero es pensar en que un canal interoceánico no debe ser un negocio de ninguno de los que andan con los legajos de papeles bajo el brazo promoviendo la idea, y mucho menos que se convierta en un Albacanal. Lo primero sería garantizar que Nicaragua sea la dueña de su canal.
El autor es director general de Radio Corporación