Francisco Javier Gutiérrez Lagos

Realidad y fantasía en Nicaragua

Es irrisorio observar que mientras en la ciudad de Estelí se vivían momentos de tensión por la situación que se presentó en el Sistema Penitenciario de la misma, nuestra copresidente ocupara su acostumbrado espacio (tipo Hugo Chávez) en su canal de televisión para llamar a sus simpatizantes y al pueblo en general a celebrar una efeméride de las tantas en las que derrochan los fondos públicos, esta vez en la ciudad de Rivas.

Es característico de este Gobierno hacerse el desentendido con las situaciones que se presentan en el país y que de una u otra forma son causadas por su mala gestión o por los ejemplos que nuestro presidente da. Ejemplos hay muchos y para muestra un botón: no se pronunció ni condenó los hechos que sucedieron en El Carrizo, en donde sus simpatizantes celebraron su “victoria” asesinando a tres humildes campesinos opositores; no se pronunció cuando estos mismos asesinos fueron condenados a penas irrisorias, y puede alegar independencia de poderes pero un presidente tiene la obligación de criticar o pedir revisiones por las actuaciones que considere incorrectas de los otros poderes el Estado, además todos sabemos que aquí la pareja real es la que manda y orienta todas las decisiones en todos los poderes y que sus títeres solo obedecen; para nadie es un secreto que la pareja está detrás de la confiscación de las tierras costeras en Teonoste para dárselas a un fiel siervo, acción que amenaza con alejar la inversión privada.

Tengan por seguro que la situación que se dio en la cárcel de Estelí está por repetirse en otras partes del país y que pueden suceder de manera simultánea. Las condiciones de los privados de libertad están peores que nunca y la corrupción de sus funcionarios se da a la vista de todos los primeros, quienes son considerados seres sin el más mínimo derecho, incluso sin el derecho a contar con servicios higiénicos decentes ni una alimentación adecuada, si no pregúntenles por qué han prohibido el ingreso de los organismos de Derechos Humanos a las prisiones, los que en los “dieciséis años de gobierno neoliberal” tenían las puertas abiertas a cualquier hora.

Pero si usted quiere trasladarse a otro país, al de iguales derechos para todos, al de medicina de calidad y suficiente, al de la policía que sirve únicamente al pueblo, al de la educación gratuita y de calidad, al de los mejores salarios para los maestros y enfermeras, al de las pensiones suficientes para los jubilados, al país en el que no verá niños trabajando en las calles, etc., escuche los medios de comunicación oficialistas, vea los canales de televisión de la pareja real, escuche las radios de sus sacrificados hijos, haga un corto viaje por cualquier carretera del país para que la imagen de nuestro narcisista presidente le ilumine y le hagan viajar a la isla de la fantasía, en donde solo existen cosas buenas y sus sueños se hacen realidad. Así de fácil. El autor es psicólogo

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