Definir lo que es poesía es quizás uno de los retos que estoy enfrentando desde hace unos años para acá.
Me sucede desde que vengo leyendo libros de poemas y numerosa, dícese poesía suelta de autollamados poetas, algunos famosos y hasta de premios nobeles publicada en revistas y periódicos que me confunde y no la entiendo.
¿Ignorancia de mi parte? puede ser.
Cuando cursé mis estudios de literatura desde mis primeros años en la primaria hasta los últimos de la secundaria, mis profesores hablaban de literatura y por ende se mencionaba a la poesía como una de las formas elegantes de expresar un pensamiento. Y nos daban ejemplos que debíamos de aprender.
Por supuesto que se nos mencionaba a Darío, quien no lo menciona en Nicaragua, pero también se hablaba de Salomón de la Selva, del padre Pallais, de Antenor Sandino, de Alfonso Cortés, de Carlos Martínez, de Lino de Luna y, uno así de muchacho como era, abría sus libros y leía sus poemas y se llenaba de la maravilla y el arte con que ellos expresaban sus pensamientos. Y le cantaban al campo, a los caminos, al ser humano y había protesta y llanto con elegancia, con rima y se deleitaba uno como cuando se ve un paisaje de esos de bellos atardeceres en el campo de Nicaragua que lo hacen revivir un sentido de existencia inigualable. ¿Seré anticuado?
Pero no es solo en Nicaragua, leer a un Amado Nervo o el cuento en verso de Pedro Hernández o si sabés inglés a Walt Whitman o si sabés alemán A. Goethe o leer en latín los versos de Horacio o de Oviedo.
O en aquel español antiguo los del Mío Cid que te dejan con los ojos bien abiertos con éxtasis por la belleza de ellos.
O aquellos versos persas eternos como las arenas del mar que te sacan de quicio y te transportan a estados sublimes del alma y al final te das cuenta que no hay límites de idioma pues son, como todo lo que es poesía de verdad, universales.
No hay diferencia entre los escritos en otros tiempos, civilizaciones o épocas y entre los escritos por los nicaragüenses mencionados anteriormente. Son seres, únicos que se han inmortalizado a través de la poesía.
Resulta que ahora, y ya desde quizás unos años atrás, otro grupo de nicas, incluyendo famosos por el número de sus publicaciones, traducciones y agasajos que reciben por todo el mundo, dicen que todos somos poetas, que hay que hacer talleres para enseñar poesía —nunca recuerdo que Darío u otros mencionados aquí hayan tenido que asistir a cursos de cómo hacer poesía, pues la poesía, me parece, se es innata no se aprende— dicen que expresar un sentimiento en rima no es poesía y aún peor que es mala (aunque estaría de acuerdo que solo rimar no es nada).
Pero lo que más me desorienta es que dicen que escribir cualquier disparate es poesía siempre y cuando uno de ese grupo diga si es o no y aún peor la califican de buena poesía o mala poesía (entiendo que poesía solo hay una y es siempre buena ya solo por el hecho de ser poesía).
Para remarcar se autollaman poetas y se han inventado un término “poesía de vanguardia”. Y con este lastimoso término antipoético, han desbaratado el sentido bello y profundo de la poesía y con él han vuelto poeta a cualquier maltrecho que escribe por allí mamarrachos que publican (muchas de las veces por el poder que tienen sobre los medios de publicación que son en muchos de los casos, monopolizados por ellos mismos). Y, no es que no exista el derecho de escribir lo que nos dé la gana; pero si no existe el derecho de desvirtuar el arte a como lo han hecho estos mal llamados poetas.
Ojalá que ahora que se presenta anualmente el festival de la poesía en Granada se logre rescatar de las cenizas esa poesía que nos legó Darío, Martínez, Salomón y Alfonso. Esa poesía de los caminos de Azarías H. Pallais, la poesía de sangre india de los tiangues y mercados de Antenor Sandino Hernández, la del amor de Lino de Luna para entonces volver a decir hay nuevos inmortales en Nicaragua, ha renacido el arte, pues se le canta a la belleza con belleza, al amor con el amor, a la esperanza con la esperanza. El autor es médico y cirujano
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