La Organización de Estados Americanos (OEA), en vez de asumir una posición clara en relación con la montaña de irregularidades fraudulentas que se cometieron en las elecciones de noviembre pasado en Nicaragua, sigue siendo inconsecuente con su deber primordial de hacer cumplir las normas y principios de la Carta Democrática Interamericana, uno de los cuales es el que compromete a los Estados a realizar elecciones justas y transparentes.
La OEA se ha venido a poner más en entredicho, a raíz de las declaraciones brindadas el martes 31 de enero por el nuevo embajador de la OEA en Nicaragua, señor Ricardo Seitenfus, en relación con los resultados electorales del 6 de noviembre, y la rectificación que le hizo el secretario general de dicho organismo intergubernamental, José Miguel Insulza.
El embajador Seitenfus dijo que los resultados del monitoreo que hizo la Misión de Observación Electoral de la OEA de las votaciones del 6 de noviembre pasado, coincidieron o fueron “compatibles” con los resultados que presentó el Consejo Supremo Electoral y con otros monitoreos, los cuales indicaron que Daniel Ortega ganó las elecciones. Ese mismo día, el secretario general Insulza expresó mediante un comunicado oficial, que lo dicho por el embajador Seitenfus había sido “una opinión verbal personal recogida por la prensa” y precisó que “la OEA nunca entrega resultados en base a informes parciales o conteos rápidos, ni autoriza su divulgación”.
Sin embargo, en la página 9 del informe final de la Misión de Acompañamiento Electoral de la OEA (MAE-OEA), se habla de que se hicieron “monitoreos de control a efectos de cotejar resultados” y se asegura que a pesar de los inconvenientes que impidieron a la Misión realizar su trabajo de manera adecuada, los resultados fueron “semejantes con los emitidos por el Consejo Supremo Electoral”. Y añade que tuvo “conocimiento de procedimientos similares con las mismas conclusiones”.
Pareciera que el interés de la OEA es quedar bien con Daniel Ortega y su temible padrino Hugo Chávez, y al mismo tiempo apaciguar a los líderes políticos de Estados Unidos, de ambos partidos, que están presionando para que la irregular reelección de Daniel Ortega no sea reconocida como legítima.
Pero el embajador Seitenfus también se refirió en sus declaraciones a la prensa, que se debe realizar una reforma del sistema electoral de Nicaragua para que las siguientes elecciones puedan ser creíbles y confiables. Al respecto Seintenfus dijo claramente que es necesario que “se despartidarice el sistema electoral nicaragüense y que se tenga un CSE compuesto por jueces inamovibles, con características de confiabilidad e independencia”.
Hay que tomarle la palabra a la OEA, porque aunque la oposición nicaragüense aceptara que lo robado en las elecciones del 6 de noviembre pasado, robado está, y que hay que hacer borrón y cuenta nueva, de todas maneras, para que las siguientes elecciones —comenzando con las municipales de noviembre próximo— puedan ser confiables y aceptables, es imperiosamente necesario reformar el sistema electoral. Y el primer paso tiene que ser el cambio y saneamiento del Consejo Supremo Electoral.
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