Carlos Alberto Montaner

En mi cuerpo mando yo

El general guatemalteco Otto Pérez Molina comenzó su presidencia con una propuesta audaz e inteligente: hay que examinar la posibilidad de despenalizar totalmente el consumo de drogas. No afirma que se debe seguir ese camino, pero sí recomienda estudiarlo. Guatemala es uno de los países más violentos del mundo y el consumo y distribución de drogas es parte de ese fenómeno. Él fue elegido para restaurar la seguridad pública y es su responsabilidad arbitrar soluciones.

Los dos argumentos en contra de la despenalización tienen mucho peso. Parece probado, dado el caso de la marihuana en Holanda, que, cuando se permite, aumenta el consumo. Muchos de quienes contraen el hábito de consumir drogas son literalmente destruidos por ellas. Es muy difícil abandonarlo. Tampoco es cierto que la legalización del comercio de drogas disminuirá la violencia. Sencillamente, los delincuentes, cuando se les acaba el negocio, migran hacia otras tres actividades ilícitas: la extorsión, la prostitución y los asaltos a mano armada.

Los argumentos prácticos a favor de la despenalización son también válidos. Si se legitiman el comercio y utilización de la droga, y se trata como al alcohol y el tabaco, acompañados por grandes campañas publicitarias en contra de los daños que genera, al margen de que habría una ganancia fiscal para el Estado, sucederá lo que hoy ocurre con las bebidas y los cigarrillos: disminuirá lentamente el consumo entre los más jóvenes.

En los países del Mercosur, alegan, donde las cajetillas traen fotos nauseabundas de pulmones deshechos por la nicotina, y en las que se menciona el mal aliento o la peste en la ropa que dejan los cigarrillos, fumar ya no contiene ningún aspecto glamoroso y los adolescentes, aparentemente, comienzan a alejarse de ese vicio.

Pero hay más: es verdad que los matarifes de los cárteles, si pierden el negocio, se entregarán a otro género de crímenes, pero, aunque es más fácil combatir a media docena de organizaciones nacionalmente estructuradas que a centenares de diminutas bandas de criminales, lo cierto es que las grandes mafias poseen una capacidad corruptora que no está al alcance de las pequeñas bandas aisladas de delincuentes.

Los cárteles poseen y utilizan sus enormes recursos económicos para penetrar y corromper a políticos y funcionarios. Compran legisladores, jueces, militares y policías. A veces llegan al Parlamento, como el colombiano Pablo Escobar. Cuando eso ocurre, comienza a hablarse de “estados fallidos”, o de “narcopaíses”, como le sucedió a Panamá en tiempos de Manuel Antonio Noriega.

Y luego queda el debate moral: ¿qué derecho tiene el Estado a decidir lo que un adulto en la plenitud de sus facultades mentales hace con su cuerpo si solo se perjudica a sí mismo? Si esa persona decide fumar marihuana, oler cocaína o inyectarse heroína, ha elegido hacerse daño, porque le satisface, y no le corresponde a nadie tratar de impedirlo por la fuerza.

Se trata de comportamientos nocivos, libremente escogidos, parecidos a los de quienes optan por comer hasta alcanzar obesidad mórbida, conducta que pone en riesgo sus vidas, emborracharse hasta caer desmayados o vomitar constantemente los alimentos para mantener una delgadez esquelética que los complace estéticamente, la temible bulimia que afecta a tantas muchachas jóvenes.

La función del Estado no es protegernos de nosotros mismos. Esa es una tarea de los padres, de la familia, quienes, en el proceso de educación de sus hijos, en la medida de lo posible, y siempre percatados de que existe una zona innata de muy difícil ponderación, deben dotarlos de sentido común, prudencia y los valores adecuados, para que utilicen la libertad sensatamente cuando lleguen a la edad adulta.

Para mí, francamente, este último es el argumento de más peso en esta difícil cuestión. Es obvio que el consumo de drogas psicotrópicas que afectan la percepción y nos esclavizan fisiológicamente es una enorme tragedia, pero yo no quiero que el Estado decida lo que puedo y debo hacer con mi cuerpo. Al Estado le corresponde informarme puntual y seriamente de las consecuencias de consumir esas sustancias. La responsabilidad de decidir si quiero o no utilizarlas es mía.

 

Escritor y periodista cubano

COMENTARIOS

  1. Manuelito
    Hace 15 años

    Si ponemos, en el campo imaginario, una prohibicion a la venta del jamon porque engorda, tiene muchas calorias, induce a comer mas y uno que otro inventito, entonces los criminales tomaran ese rumbo y se creara un nuevo monstruo que aterrara a la humanidad; se crearan nuevos carteles del jamon y se enriqueceran unos cuantos y el consumo de jamon no menguara. De acuerdo estoy que los padres podrian senalar las bondades y maldades del jamon y seran los propios consumidores quienes lo aborrezcan…

  2. Denzo
    Hace 15 años

    En lo que a mi respecta,me vale un pepino lo que un adulto quiera hacer con su vida y su cuerpo;igual que se quiera ir al cielo o al hipotetico infierno si te portas mal;el problema que yo veo con esto de las drogas son los adultos que inducen a los ninios a consumirla;a los vende drogas no les importa la edad de quien la consume;solo les importa el dinero de quienes la consumen;asi que la unica salida que le veo a este asunto es ejecutar a todo vende droga,al que secuestra,al que extorsiona,etc

  3. GUICAG
    Hace 15 años

    EN SU CUERPO MANDA USTED, PERO SIMPRE QUE NO PERJUDIQUE A LOS DEMÁS. Si el humo expulsado por fumadores convierte en fumadores pasivos a los que tiene a su lado (con el consiguiente perjuicio para quienes no quieren verse afectadas, contaminadas o agredidas en su respiración), los consumidores de drogas duras suponen un mayor riesgo para terceras personas. Imagínese a un alucinado conduciendo un coche, portando un arma creyéndose justiciero o con facultades mermadas en su trabajo.

  4. Caitudo
    Hace 15 años

    De acuerdo, uno manda en su cuerpo y decide que hacer con el, pero que pasa Sr. Montaner cuando su decision afecta a otros y no me refiero al hecho de fumar de segunda mano lo cual es inaceptable esto al los fumadores les vale. Me refiero a que cuando ud decide que hacer los que pagamos impuestos tenemos que pagar por su tratamiento en los hospitales para curarlo de un problema que usted se busco y mermando de esta manera la atencion a los que desdichadamente tienen algo que no buscaron.

  5. Ronaldo Monteleon
    Hace 15 años

    Abogan por la legalizacion de la droga quienes tienen intereses economicos de por medio y quienes la consumen. Hay quienes se imaginan abriendo su negocio, los otros consumiendola en publico.

    Para la humanidad seria un retroceso legalizar las drogas, mi opinion es que las leyes antinarcoticos deben ser endurecidas, en el caso de narcotraficantes por ley todos sus bienes deben ser confiscados, lo mismo los de sus mujeres, hijos y circulo familiar cercano.
    Continua

  6. Ronaldo Monteleon
    Hace 15 años

    Imaginense a un chofer que despues de consumir droga maneje un bus lleno de pasajeros, imaginense a un cabezalero bien drogado manejando en la carretera, imaginense a un maestro drogado impartiendo clases a los ninos, habrian mas violaciones y actos de violencia, LEGALIZAR LA DROGA SERIA UN ERROR; TRAERIA MAS CONSUMIDORES.
    Colombia seria el pais mas beneficiado puesto que es el mayor productor de drogas en el mundo.

    La mejor ley seria la pena de muerte para los narcos, asi es en China.

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