Por Roberto Bendaña McEwan
Hay un sector prosandinista «realista y pragmático» que mira al interior de Nicaragua de una manera complaciente y hasta surrealista. Yo veo otra realidad y, si callara, simplemente me sentiría cómplice de una apreciación errada, cortoplacista y anticristiana.
1. En Nicaragua hay paz y tranquilidad.
Desde mi punto de vista no puede haber paz sin justicia, y tampoco tranquilidad con una Policía Nacional partidizada.
2. La empresa privada tiene buenas relaciones con el Gobierno.
Es cierto que hay empresarios que no tienen problema con obtener ganancias extraordinarias procedentes del negocio sucio de la familia Ortega-Murillo con el Alba. Pero para mí eso es venderle mi conciencia al diablo.
3. Los profesionales, industriales, comerciantes, agricultores, ganaderos, etc. desarrollan sus actividades normalmente y con tranquilidad y seguridad.
La realidad que yo veo y he escuchado en reuniones con los del Cosep, es que por temor a que les quiten los permisos o licencias para vender y exportar se ven obligados a callar. Ya no se diga las represalias que pueden cometerse desde el fisco u otras instancias con aquellos que no se alinean.
4. Independientemente de los cuestionamientos a las irregularidades en las elecciones, estas las ganaron los sandinistas.
Me parece totalmente irresponsable calificar como simples irregularidades las violaciones a la Constitución y a la Ley Electoral el proceso por medio del cual el Consejo Supremo Electoral (CSE) procedió para manipular y alterar los resultados de las elecciones. Según Edwin Castro, “no hubo fraude porque ganó el que de todas formas hubiera ganado”. Pues sí hubo fraude, porque no hay discusión que hay muchísimas diputaciones robadas que benefician al FSLN con una ventaja totalmente irreal, y porque el proceso general no es certificable y sigue sin serlo pues el CSE jamás quiso publicar los resultados junta por junta, y porque el fraude incluso chorrea sangre como es el caso de los mártires de San José de Cusmapa.
5. A pesar de todo lo que nos guste o no nos guste, el Gobierno debe seguir adelante y mejorar la vida de todos los nicaragüenses haciendo que el país progrese.
¿Progreso económico gracias a los altos precios de nuestros productos de exportación y al dinero ilegal del Alba? ¿Sin importarnos el retroceso en materia de institucionalidad, que es el pilar más importante de la competitividad? Desde mi punto de vista esa no es la Nicaragua que quiero heredarle a mis hijos. El fin del empresario no debe ser hacer dinero, más bien la iniciativa privada es el medio para transformar positivamente nuestra sociedad mejorando el nivel de vida con justicia social, en el marco de la ley y no el de su atropello sistemático.
6. La oposición tiene que buscar un consenso con el Gobierno.
El Gobierno no ha querido consensuar nada. Simplemente ha pactado con el Cosep a espaldas de la ciudadanía. A Amcham no nos han atendido nuestras solicitudes de reuniones y nos consta lo difícil que ha sido trabajar con el Mific y ProNicaragua para publicar una guía del inversionista. La Iglesia católica llamó a un Pacto Social o Diálogo Nacional desde abril del 2010, en donde «el gobierno, los partidos políticos, y la sociedad civil» participen. El Gobierno se hizo de oídos sordos porque simplemente no han querido consensuar nada.
Yo respaldo el llamado al consenso de la Iglesia católica, como medio cívico de transformar la visión orteguista que es como la de los caballos cocheros.
El autor es presidente de Hagamos Democracia.
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