Carlos René Ramírez

Violaciones endémicas

Es deprimente observar que nuestro país se deteriora aceleradamente en la integridad de su gente y progresivamente se desmoronan la moralidad, las buenas costumbres, la honorabilidad y las relaciones venturosas que antes existían entre unos y otros. Ignoro si se ha efectuado algún estudio sociológico que podría dar una idea de cuáles son las causas de este adverso proceder. Ojalá que algún sociólogo, de manera oficiosa (pues no creo que alguna institución, mucho menos estatal, tome la iniciativa de financiar esto) nos pueda orientar para averiguar las causas. Sin embargo, se puede enumerar y catalogar las violaciones fácilmente.

En primer término tenemos la que nos afecta a todos, como es la violación a la Constitución de la República y las leyes que no son respetadas, porque prevalece el capricho de las autoridades. Siguen las violaciones a los derechos humanos, los obstáculos y represiones policiales contra quienes quieren protestar políticamente en manifestaciones pacíficas; las amenazas y chantajes a los medios de comunicación independientes; las violaciones a menores de edad por parte de familiares y también el maltrato verbal, golpes y hasta asesinatos a esposas o compañeras y que en muchos casos las autoridades judiciales más bien favorecen al violador por influencias políticas llegando al extremo que después de un fallo de culpabilidad y sentencia de cárcel por varios años, revocan el castigo y lo envían a su domicilio.

Esto estimula al posible violador, porque de antemano piensa en ampararse en una militancia del partido del gobierno, como los deportistas destacados que no son procesados y mucho menos sentenciados por los judiciales que se convierten en cómplices necesarios, o presionados por aquellos locutores que con gran desparpajo dicen “quiero ver qué juez se atreve a condenar” a tal o cual destacado deportista violador. Esto provoca estupor y furia en los que creemos firmemente en una democracia auténtica.

La descomposición de los valores morales y legales alienta a los delincuentes de saco y corbata o aquellos que han surgido en abundancia y que montados en una motocicleta esconden sus caras dentro de un casco protector y cómplice, los cuales han dado un nuevo giro al negocio de violaciones, robos y asesinatos. Todo esto es una verdadera endemia que azota a todos los nicaragüenses que están acostumbrados a actuar correctamente y que condenan estos hechos delictivos. La mayoría de los centros de estudio públicos no profundizan la materia de civismo, ya que algunos profesores predican y no dan buenos ejemplos, se prestan para violar los sentimientos de alumnos y los inducen a incursionar en diligencias políticas sandinistas con el estímulo de ser aprobados y recibir dinero.

Los funcionarios estatales están prestos a hacer el juego político y se meten de lleno en promover las violaciones como al despedir a miles de empleados, que por no ser sandinistas no les pagan las prestaciones a que tienen derecho. Y la más grande violación efectuada recientemente, la del fraude electoral preparado con suficiente antelación para garantizar la no entrega del poder y hacer cualquier cosa para no perder y mantener el dominio y continuar en el proceso de una dictadura, que ha venido a sustituir a otra. El autor es técnico en cooperativismo

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