Costa Rica ha sido reconocida y admirada internacionalmente entre otras cosas por cuatro paradigmas que han marcado su política exterior y su estrategia de desarrollo: su adhesión desde 1948 a la democracia que incluye una fuerte participación ciudadana y de desarrollo local, el Estado de Derecho, su proclamada conservación de la naturaleza y su preferencia por el civilismo ante el militarismo.
Costa Rica ha declarado que el equilibrio ecológico es una de las prioridades de su política exterior y que el desarrollo sostenible es su estrategia de desarrollo, incluida la conservación de los recursos naturales, el ecoturismo y el desarrollo científico técnico. Pero todo indica que estamos frente a un golpe de timón de la política tica que va mucho más allá de los daños directos de su arremetida directa contra la selva tropical húmeda en la Cuenca del Río San Juan (CRSJ), que recuerda al mejor estilo de los años sesenta cuando en AL, en el nombre del progreso, se impulsaba la colonización dirigida a través de carreteras y obras de infraestructura eléctrica. Detrás estaban los grandes intereses de los terratenientes, madereros ilegales, ganaderos y de la minería en complicidad con las autoridades del gobierno.
Son muchos y graves los impactos ambientales, sociales y culturales de este sistema de carreteras que afecta de manera directa e indirecta a Nicaragua en la CRSJ, ante lo que Nicaragua con toda firmeza deberá tomar sus previsiones en el marco del diálogo y el derecho internacional. Pero más graves serán las consecuencias sobre las áreas protegidas y los ecosistemas de la zona norte de Costa Rica ya afectados por la deforestación y contaminación y severamente fragmentados por el desarrollo de actividades económicas de corto plazo, como la producción de naranjas, piña y ganadería extensiva. Doña Laura no consultó con sus ciudadanos la construcción de estas obras ni les ha dado la información sobre el impacto ambiental y social de las mismas, pero ha creado una ilusión de progreso.
No se requiere mucha imaginación para saber que este sistema de carreteras en lugar de progreso llevará a incrementar la inmigración y la colonización humana así como las actividades económicas en la selva tropical, que acelerarán el deterioro del ambiente y de los recursos naturales de los ecosistemas del norte de Costa Rica. También promoverán al enriquecimiento de “inversionistas” e inmigrantes legales e ilegales, y traficantes oportunistas de toda laya, que aprovecharán la situación para llegar como hormigas al pastel de los recursos naturales, haciendo añicos no solo el ambiente, sino de paso la proclamada política de desarrollo sostenible de Costa Rica, que pierde aceleradamente su credibilidad internacional.
Política que seguramente será sustituida por más de lo mismo: un modelo desarrollista ya conocido, absurdo, excluyente y destructor con todo lo que ello implica social, cultural y ambientalmente, que como búmeran retornará y golpeará la imagen que tantos años de democracia y conservación les ha costado construir a nuestros hermanos ticos. El riesgo es la consolidación de un modelo de “desarrollo” y de consumo carnavalesco en una suerte de Macdonalización de la zona norte de Costa Rica, que podría terminar con la economía campesina y la cultura local costarricense, afectando irreversiblemente la cuenca del río San Juan. Zonas francas, centros comerciales, gasolineras, rótulos, restaurantes de comida rápida, minas, ranchos ganaderos y piñales poco a poco sustituirán el paisaje tropical y la biodiversidad, quedando algunas áreas protegidas y sus rótulos como el recuerdo de lo que era la selva tropical en el norte de Costa Rica. Un nuevo ecocidio en el mundo se habrá consumado.
¿Qué vendrá después? ¿Cómo hará Costa Rica para controlar su nueva carretera fronteriza que es barrera física para la biodiversidad pero no para la inmigración ilegal y el narcotráfico que seguramente se incrementará? ¿Patrullajes militares y murallas con torretas de vigilancia? ¿A qué costo? Bajo lluvias tropicales de 6,000 mm al año. La seguridad nacional es el tema preferido de doña Laura. Ella sabrá.
Doña Laura puede pasar a la historia, como la primera mujer presidenta y la que inició deliberadamente la destrucción de los ricos ecosistemas tropicales del norte de Costa Rica en nombre de la globalización, el progreso, la soberanía y la seguridad nacional, la decisión está en sus manos. Costa Rica puede impulsar el modelo de desarrollo que prefiera dentro de sus fronteras, pero debe asegurarse de que no convertirá al río San Juan en un caño de drenaje para sus desechos tóxicos.
Ojalá el pueblo tico organizado en la sociedad civil y la comunidad científica y ambiental costarricense, de gran respeto y prestigio internacional, la hagan recapacitar. Por lo pronto Nicaragua debe repensar su estrategia de desarrollo nacional y sus relaciones con Costa Rica, el resto de Centroamérica, América Latina y el mundo, dando un ejemplo de madurez e inteligencia apelando al derecho internacional y al diálogo evitando posiciones de confrontación que nadie necesita ni quiere en Centroamérica. Suficientes problemas internos tenemos, como para buscarnos más problemas cayendo en la desafortunada provocación tica, que al final de la historia se revertirá en contra de sus autores.
El autor es MSc. MBA especialista en Desarrollo Sostenible
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