Desde los primeros tiempos de la iglesia, ya se hablaba del “tránsito” de María, o de su “dormición” temporal y de su posterior “asunción” a los cielos. Y sin embargo, aunque era una creencia general del pueblo cristiano, la Iglesia proclamó este dogma hasta 1950 bajo el pontificado de Pío XII quien posteriormente el 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus, dicta que: “la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús , salvador del género humano, ha sido revelado por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles”.
Dios, para responder a las esperanzas de su pueblo, tuvo que dotar a María de dones a la medida de su importante misión y cuando el ángel Gabriel le visita la saluda como “llena de gracia”. ¿Y acaso podía ser de otra forma siendo que, como Arca de la Nueva Alianza, iba a tener en su interior al Salvador? Porque cuando el ángel le dice a María que “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. (Lc 1,35) o sea, que es la “morada del hijo de Dios”.
Referente al título de este artículo, quiero hacer un énfasis muy especial; en estos días que los nicaragüenses celebramos una fiesta que más que una tradición es una muestra sincera de fe y amor a María, bajo la advocación de la purísima concepción. Sin embargo es lamentable ver como desde las más altas esferas gubernamentales sigue manipulándose la fe de este pueblo ahora con motivo de la Gritería. Por una parte se pretende dar una imagen de gran empatía con la fe del pueblo, arreglando con un gran disponibilidad de recursos estatales; altares en una de las avenidas más transitadas de la capital, y utilizando “disimuladamente” colores y símbolos políticos, junto a las frases de esos cantos especiales propios de la tradición mariana, y como si fuera poco, se coloca la imagen de la Virgen a los pies de una estatua con un fusil apuntando al cielo en un claro contraste con el cristianismo que se pregona. Cayendo más bien en un gran irrespeto a esta devoción espontánea de nuestro pueblo.
Afortunadamente los nicaragüenses hemos aprendido a identificar este tipo de manipulaciones maquiavélicas de los enemigos de la fe, que ahora se disfrazan de corderos, y que en nombre de la reconciliación pretenden jugar con nuestros más profundos sentimientos de patriotismo y de fe.
Al celebrar una vez más la Gritería como expresión del pueblo llena de amor a su madre, dejémonos llevar por el “SI” que unió admirablemente a María con la misión redentora de Cristo, para que sea su mano guía, esperanza y fortaleza, seguros de su intercesión ante Dios por esta patria consagrada a su inmaculado corazón y gritemos con verdadera devoción que es y será siempre la causa de nuestra alegría.
El autor es comunicador social.
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