Editorial: Incierto futuro de la CELAC
El futuro de la denominada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), la cual fue creada el fin de semana pasado por iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez con el propósito de contraponerla a Estados Unidos y la OEA, depende de la capacidad y la voluntad que realmente tengan sus asociados para alcanzar sus objetivos.
El principal reto de la CELAC es, ante todo, sobrevivir a la oratoria de sus promotores y animadores; lo cual dependerá del interés y la disposición que tenga la mayoría de los gobernantes latinoamericanos y caribeños —que supuestamente no son populistas, sino demócratas— en utilizar este instrumento para fortalecer las instituciones democráticas y representativas de sus países, mejorar el intercambio comercial intrarregional, perseguir eficazmente al narcotráfico y al crimen organizado en general, y respetar los derechos humanos y políticos.
En cambio, si la CELAC sirve solo para inflar los egos de sus líderes, si no despierta confianza en los inversionistas y debilita la unidad hemisférica con medidas radicales; y si además instala una costosa burocracia y los cabezas caliente desestabilizan la OEA y tratan de eliminar sus instrumentos defensores de los derechos humanos, se puede asegurar que su futuro es por lo menos incierto.
Latinoamérica y el Caribe tienen cuantiosos y valiosos recursos naturales, pero salvo algunos pocos países los demás carecen de dos elementos básicos: los recursos humanos calificados para aplicar la tecnología de punta y los medios financieros que están en el norte de América y Europa. En realidad, es ridículo pretender que a estas alturas Latinoamérica es una potencia pues la mayor parte de sus países sigue dependiendo del apoyo externo.
No se puede vivir en un permanente desorden, sin cumplir las recomendaciones del Banco Mundial, el FMI y el BID y sin contar con el apoyo de los países industrializados, que pasan actualmente por una grave crisis financiera. Y otro absurdo es suponer que China va a remplazar a Estados Unidos y Europa como proveedor de fondos. En realidad, no es posible conseguir en otra parte los recursos indispensables para financiar la reducción de la pobreza y el desarrollo independiente.
La ayuda de pobres a pobres no funciona, a menos que contaran de manera indefinida con la cartera abierta del presidente venezolano. Pero Hugo Chávez, astutamente se curó en salud en la fundación de la CELAC al proponer la creación de un fondo común de reserva. Venezuela está hasta el cuello con su abultada deuda interna y externa, su inflación, escasez y otros acosos domésticos. Por la crisis Chávez incluso ha debido repatriar el oro que Venezuela guardaba en Gran Bretaña y Estados Unidos.
En fin, se vio claro que en la fundación de la CELAC hubo más dudas que certezas, sin hablar de las múltiples contradicciones que notoriamente son más que las coincidencias. De manera que habrá que dar tiempo al tiempo para aventurar una hipótesis razonable sobre el futuro de este engendro bolivariano llamado CELAC, que en realidad es mucho más chavista que democrático y más albista que latinoamericano y caribeño.
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